Dos cuentos de Lina Leiva

Lina Leiva, escritora y miembro de la filial de la Fundación Nicolás Guillén en Ciego de Ávila

EL OTRO SOLDADO DE PLOMO

El amor por el teatro nació conmigo. Mis compañeros de aula creen que el protagonista de la obra debo ser yo; así se cumplirían mis deseos. 

Al llegar a la escuela, ellos me dicen que la profe de educación artística no está de acuerdo con que yo sea el soldado de plomo.  Ella prefiere que sea blanco.

El domingo por la tarde se presentó la obra en la escuela. No quise ir. Maldije muchas cosas.

Me despierto cuando alguien pronuncia mi nombre desde el jardín.  Sorprendido, miro por la ventana y veo a veinticuatro soldaditos de plomo con sus chaquetas rojas y pantalones azules en fila militar. Delante está la bailarina de papel. Ella hace un movimiento con la mano y levantando la voz me dice: “¡Tus soldados te esperan y yo también!”.

Lo que más me sorprende es que todos los soldados son negros.

LA CAJA DE COLORES

Nunca entendí que mamá y papá se opusieran a que mi compañero de pupitre fuese negro.

Un día la maestra de primer grado nos habló de las razas. Aproveché y solté de un tirón lo que yo pensaba al respecto. Puse mis lápices de colorear encima de la mesa y comencé diciendo que, en vez de niños debíamos ser colores. Todavía recuerdo la cara que puso la maestra.  Proseguí nombrando a cada niño por un color; dije lo que podríamos hacer siendo amarillo, verde, rojo, azules…, y demostré que todos son importantes. Mis compañeros me apoyaron y, a partir de entonces comenzamos a llamarnos por los nombres de los colores.

Algunos de ellos, cuando me ven junto a mi novia Cecilia, me evaden. Tal parece que nunca entendieron.

Cecilia es de color negro. Como la noche serena que acoge a las estrellas en su misterioso manto.

Deja una respuesta