Libre estoy, vine de lejos. Soy un negro

Empujando el muro (Choco)

Libre estoy, vine de lejos.

                                                                                  Soy un negro…

(Nicolás Guillén)

Ha sido largo y áspero el camino en que aun andamos hacia la plena igualdad de negros y blancos.

Cuando en 1886 las autoridades coloniales decretaron finalmente la abolición de la esclavitud, miles de esclavos se vieron lanzados de golpe y porrazo al duro oficio de ser hombres libres. Carecían de recursos materiales y en su gran mayoría también de la instrucción que les posibilitase vender su mano de obra como calificada. Así se vieron obligados, de improviso, a procurar su sustento y cobijo y el de sus familias.

Aunque negros y mulatos constituyeran una significativa mayoría de las tropas mambisas, cientos de ellos, luego de grandes méritos en el campo de batalla, lograran grados de oficial y varias decenas de generales negros y mulatos comandaran brigadas, y divisiones blanquinegras en los combates de esa guerra, la república constituida en 1902 no cumplió ni remotamente con los ideales de igualdad y justicia que les habían convocado.

Uno de aquellos oficiales fue Nicolás Guillén Urra. Legó a sus hijos, especialmente a Nicolás, la vocación cívica y una gran devoción por Antonio Maceo y otras destacadas figuras de nuestras gestas independentistas, entre ellas Rosa La Bayamesa, capitana del ejército libertador, negra, a quien Gómez y Maceo admiraran y reconocieran, aunque hoy lamentablemente es muy poco recordada.

Por ese legado y por su cercanía a Lino D´ou y a Juan Gualberto Gómez, Nicolás Guillén hizo del conocimiento y la comprensión cabal del mestizaje cultural que nos caracteriza como nación, del enaltecimiento de las contribuciones de los africanos y sus descendientes a la conformación de nuestro perfil definitivo, de la reivindicación del hombre y la mujer negros y de la lucha contra los prejuicios y la discriminación vinculados al color de la piel, tema central de su prosa sustancial y de su extraordinaria creación poética.

Entre los que se preocupan por estos temas, que todavía son lamentablemente pocos, hay consenso en que el período especial, que conmocionó a la sociedad cubana, puso de manifiesto la persistencia entre nosotros de prejuicios, discriminaciones e inequidades vinculados al color de la piel.

Desde hace un par de décadas el tema de las desigualdades vinculadas al color de la piel ha ido ganando espacios en el quehacer de nuestros investigadores sociales y en las reflexiones de algunos de nuestros intelectuales. No es que sea suficiente, pero ya es algo. Y se han ido poniendo en evidencia algunas de las manifestaciones concretas de esas desigualdades. Negros y mulatos quedaron otra vez en desventaja para posicionarse en los nuevos contextos. Eso hace pensar que debemos preocuparnos y ocuparnos porque las transformaciones económicas que el país se propuso llevar a cabo como resultado del VI Congreso del PCC, precedido de un amplio proceso de consultas y búsqueda de consenso con toda la sociedad cubana, no se traduzcan en mayores desigualdades económicas o de cualquier índole vinculadas al color de la piel.

También hay acuerdo, sobre el carácter de constructo cultural del concepto de raza y de todos los prejuicios que sostienen las ideas y las actitudes discriminatorias en relación con este asunto. Aunque la necesidad de llevar a cabo modificaciones significativas en nuestro sistema educacional, en particular en la enseñanza de la historia, encaminadas a situar en su justo lugar nuestra herencia cultural africana y las enormes contribuciones que en la construcción de la cultura y la nación cubanas y de sus riquezas tuvieron los descendientes de los esclavos africanos, se ha planteado desde hace varios años en las instancias de mayor autoridad del  país, el criterio generalizado es que no ha habido avances sustanciales.

A ese propósito puede contribuir la revaloración de figuras como la de José Antonio Aponte, intelectual y hombre de acción, que unió su suerte a los grandes oprimidos de su tiempo y asumió los más elevados ideales que podía proponerse entonces: la emancipación de los esclavos y la independencia de Cuba.

Jesús Menéndez, el gran líder de los trabajadores azucareros, comunista, negro, cuyo centenario transcurrió el pasado año con excesiva modestia, es otro ejemplo.

El tema que más expectativas despertó y convocó mayor audiencia fue con mucho, el centenario de la protesta armada y la masacre de los Independientes de Color. Ello probablemente se explique por el silencio que, salvo notables excepciones, rodeó estos acontecimientos hasta fecha relativamente reciente

En los últimos tiempos, en diversas ocasiones Raúl Castro nos ha convocado a hacer cada vez más democrática y participativa nuestra sociedad. Entiendo que se trata de que nuestros ciudadanos tengan un rol cada vez más activo y protagónico en el análisis de los problemas que les afectan y en la búsqueda y puesta en práctica de soluciones a esos problemas. Nuestra cuestión “racial” es uno de ellos.

Entre todos tendremos que adelantar, como quería Nicolás Guillén, la llegada del color cubano. Un color cubano en cuyo seno hallen cabida amorosa e inteligente la diversidad y la riqueza de nuestro espíritu. De eso se trata.

(Publicado en la revista La Gaceta de Cuba No. 3, 2012)

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