Del llanto sin pañuelo, del pecho sin escudo. Covid 19 en el Brasil de Jair Bolsonaro

Hace unos días la agencia RT informaba que en la plataforma Noticia Preta, la diputada Renata Souza y el politólogo Seimor Souza daban a conocer que un tercio de los fallecidos por la covid 19 en Brasil eran personas autodeclaradas negras; esa cifra es mucho más que la proporción de personas que así se declaran en ese país. No es para sorprenderse.

Cuando Nicolás Guillén llegó a Brasil por primera vez, ya algo sabía del inmenso país. Había leído los estudios antropológicos de Raimundo Nina Rodrígues, que contribuyeron a confirmar sus propias ideas sobre el mestizaje cultural de la nación cubana.

Tendría luego ocasión de visitar con calma y conocer profundamente el extenso y diverso país, animado por su inteligente e insaciable curiosidad: Río de Janeiro, Sao Paulo, Belo Horizonte, Sabará, Ouro Preto y por supuesto Bahía, durante su estancia brasileña desde octubre de 1947 hasta febrero de 1948.

Volvería otras tres veces a Brasil, la útlima en marzo de 1963 y si no volvió, la culpa seguramente fue de las dictaduras militares que ensangrentaron el país, hasta que no pudieron más.

Tuvo además Guillén el privilegio de la amistad de algunas de las figuras más señaladas de la cultura y la vida social del inmenso país: Candido Portinari, fundador de la pintura contemporánea en Brasil, Jorge Amado, el gran escritor, el arquitecto Oscar Niemeyer, Luis Carlos Prestes, el lider histórico del Partido Comunista Brasileño y muchos más. Hasta el presidente Joao Goulart le recibió en alguna ocasión.

Conocíó a la gran burguesía de Río y Sao Paulo, pero conoció también sus favelas, sus morros, la gigantesca desigualdad social que corroía Brasil, desde mucho tiempo atrás y que aún lo corroe, más grande aún que su enorme geografía.

Brasil, su gente, sus contrastes, están ampliamente reflejados en la obra de Nicolás Guillén, tanto en su elegante prosa, como en su magistral poesía. La tragedia que hoy asola esa nación y especialmente a su población negra, es una consecuencia inevitable de los males que Guillén advirtió y denunció muchas veces, como hizo por ejemplo en este hermoso poema.

CANCION CARIOCA
 
¿Te hablaron ya de Río,
del Pan, del Corcovado
y el sanguinario estío?
         ¿Te han hablado?
 
De la boite encendida
y el salón apagado,
del verdor de la vida,
          ¿te han hablado?
 
Del carnaval rupestre,
semental desbocado,
rojo arcángel terrestre,
           ¿te han hablado?
 
Del mar y la campaña,
del cielo repujado,
que ni una nube empaña,
               ¿te han hablado?
 
Yo te hablo de otro Río:
del Río de Janeiro
de no-techo, sí-frío,
hambre-sí, no-cruzeiro.
 
Del llanto sin pañuelo,
del pecho sin escudo,
de la trampa y el vuelo,
de la soga y el nudo.
 
El jazz en la soirée
sacude el aire denso;
yo pienso en el café
(y lloro cuando pienso).
 
Mas pienso en la favela.
La vida allí estancada
es un ojo que vela.
Y pienso en la alborada.
 
¿Te hablaron ya de Río,
con su puñal clavado
en el pecho sombrío?
           ¿Te han hablado?

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