También se envejece en la calle

Tahira Vargas García. Doctorado en Antropología Social y Profesora Especializada en Educación Musical. Investigadora en estudios etnográficos y cualitativos en temas como: pobreza- marginación social, movimientos sociales, género, violencia, migración, juventud y parentesco. Ha realizado un total de 66 estudios y evaluaciones en diversos temas en República Dominicana, Africa, México y Cuba.

La situación de cuarentena y confinamiento en el hogar no es posible para todas las personas en nuestro país. Existen personas que caminan cotidianamente por las calles recogiendo botellas, cartones en los zafacones de comercios y residencias o pidiendo limosnas. No tienen hogar, son adultos mayores que viven en la indigencia.

Muchas de estas personas adultas mayores duermen en parques y debajo de puentes y salen a recoger botellas y cartones que venden a empresas. Caminan diariamente 4 y 5 horas recorriendo calles y avenidas en esta labor.

En entrevistas a algunas de estas personas en situación de calle nos muestran que duermen debajo de elevados, parques, cuevas y se dedican todo el día a buscar dinero en la calle para comer. “A veces como lo que la gente me da, no tengo ropa ni puedo tener porque no tengo donde dormir. Tengo que ponerme la misma ropa hasta que consiga para comprarme otra en una paca”. Bañarse para estas personas es difícil porque no le dan entrada en los centros comerciales ni en los negocios, las malas condiciones de higiene personal se suman a la precariedad en que subsisten.

La pobreza no tiene edad y expulsa hacia las calles desde niños-niñas hasta personas adultas mayores. En tiempo de cuarentena no nos damos cuenta de que mucha gente se encuentra a la intemperie o busca casas abandonadas para refugiarse.

La ausencia de asilos públicos para la población adulta mayor pobre e indigente produce esta situación deprimente. Los pocos asilos existentes no tienen cupo suficiente y sufren serias dificultades económicas por las precariedades en los subsidios que reciben.

Muchas personas adultas mayores que viven en barrios y campos del país han podido sobrevivir por la inversión social de la comunidad y los/as familiares. La solidaridad en las comunidades se convierte en el sosten de muchas personas adultas mayores que deambulan en total soledad.

Otra parte de la población adulta mayor es aquella que vive de una pensión miserable y que se expone a la vulnerabilidad y riesgo de indigencia. En varias comunidades identificamos casos que han sido despedidos de empresas y no se le asigna ninguna pensión porque supuestamente no han cumplido el tiempo” requerido”.

La población adulta mayor en pobreza extrema necesita visibilidad como grupo poblacional de alto riesgo frente al COVID 19.  A esta población se le violan muchos derechos que le corresponden por justicia y la garantía de una vida digna y en equidad. El establecimiento de hogares de acogida para ancianos en todos los municipios debe ser una prioridad en los programas sociales de los gobiernos locales y del Estado.

(Tomado de https://acento.com.do/2020/opinion/8808080-tambien-se-envejece-en-la-calle/)

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