Espejos de una Isla y otros poemas

Marina Lourdes Jacobo (Puerto Padre, 1965). Escritora e investigadora sociocultural. Presidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Las Tunas y Presidenta de la filial de la Fundación Nicolás Guillén en esa provincia.

ESPEJOS DE UNA ISLA

Ya lo he dicho otras veces, pude ser la de los ojos rosas y no morir antes de nacer. Pude nombrar a mi hija María Cecilia y yo gozar de un padre prodigioso si no lo hubieran aislado de su paraíso, quizás sentir también sus ojos rosas, afligidos de tanta amenaza por crecer en el mar y saber cuántos granos de arena no vuelven a las aguas. María Cecilia, la de los ojos rosas quizás, solo pudo conformarse con el silencio de las humedades y la cicatriz del tiempo de mi padre. Inventarnos en el recuerdo un puerto pausado y sabio, un puerto anciano que debió mirar aquella tarde en el malecón tantos barcos pequeños. No podían avanzar entre el agua y cientos de personas que rezaban mudas en la confusión de no ver volar gaviotas. La espera traía el silencio, mientras la sal buscaba su arpa, no solo desde el fondo del mar, sino en el silbido carnal de barcos, en espejos de una isla. Recuerdo que pude nombrarla María Cecilia, tener los ojos rosas y yo un padre sin naufragios cargando siempre su poco de salitre rosa.

MANO

                                                             Perdí hasta su memoria. No recuerdo

por dónde el sol se le ponía.

                                                                                                  Dulce María Loynaz

Erijo un pedestal a la memoria. No la invoco. Toda memoria debe tener su soplo. Fiel al gesto, tus manos acarician otras dolencias, como el viento puede rozar un sillón o al anciano que a nadie pertenece. Es preciso advertir las evocaciones de los ojos, dejar un espacio indulgente y salvar amor no recogido. Hay quien va a la muerte en cada manantial. Otros esperan extender su duelo. La música palpa una suerte de silencio, acierta olores llegados a tiempo con los peces, sobre la única ilusión de pan. Siempre hay manos por nacer y un destino irradiando cruces para atravesar esta quimera.  

FIGURAS

                                                     Se me ha perdido un hombre y lo busco por

                                                                                           cifras y guitarras.

                                                                                               Carilda Oliver Labra

Existo taciturna. No consigo detener la incertidumbre. Tuve una estrella, su señal fue sombra, el faro cerraba la luz del sol. No se me ha perdido el hombre, no lo busco. Subo de la mañana a las hierbas cada noche y en las alturas no se ha extraviado dentro de mí. Los hombres pertenecen al mar, al tiempo cuando se escapa y vuelve, casa de la niñez que se disipa en semblantes, hechos que transitan el pasaje de los ojos y regresan ajenos, cansados de salidas y vueltas, cada vez más ausentes.

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