Guillén en la reescritura de un canon. “El sol en la nieve” de Raúl Hernández Novás”

Guillén en la reescritura de un canon. “El sol en la nieve” de Raúl Hernández Novás”

Por: Yanelis Velazco

La Patria esperaba a la Patria

que viniera a salvarla de su abismo.

Raúl Hernández Novás

“La belleza no duda, ilumina; el canto no cavila, esclarece. En las manos de la poesía todo, incluso el enigma, se torna luz (…)” 1. Estas palabras, extraídas del prólogo que escribiera Cintio Vitier al primer libro publicado por Novás, Enigma de las aguas (1983), cobran altísimas resonancias ante un texto como “El sol en la nieve” (1986).Sin lugar a dudas, nos encontramos frente a uno de los grandes poemas de la Literatura Cubana del siglo XX, no solo por su papel en la reformulación del canon nacional (Campuzano), y por constituir uno de los escasos intentos por entrelazar las sendas dramáticas de nuestros poetas fundadores (Retamar); sino por su develamiento de uno de los enigmas más exquisitos de la poesía: las pulsaciones ocultas de la palabra, su condición de fundar rutas en un mapa simbólico en el que aflora la conciencia poética de la auto-revelación. De Casal expresaba Martí que había muerto “… de su cuerpo endeble, o del pesar de vivir, con la fantasía elegante o enamorada en un pueblo servil y deforme”2; de Novás se dice que como Casal vivió entre el espanto y la belleza.

La aventura poética de Raúl Hernández Novás comenzó a los 12 años de edad, cuando un vecino de la familia accede a su poesía y decide enviar el poema titulado “Alemania” (escrito el 1ro de mayo de 1961) a la columna “Crónica” que tenía Nicolás Guillén en el periódico Hoy.

             ( …) el poeta publicó el poema pero acompañado de una nota donde dudaba de que se tratara de un niño de 12 años, pues dice acusa una malicia técnica que no se adquiere sino con cierto estudio. “Es un romance octosilábico, y –prosaísmos aparte- tanto por la medida inalterable de los versos como por la persistencia regular de la rima, suscita la sospecha de que su autor tiene algunos conocimientos retóricos…y algunos años más que los de un muchacho (…) Pero ¿y si estamos equivocados y nos pasamos de listos? ¿No son frecuentes los casos de precocidad intelectual?” Dicho texto fue publicado el domingo 16 de julio de 1961. Al día siguiente apareció otra nota de Guillén en la que transcribía una carta del padre de Raúl, donde daba fe de la veracidad del poema y de la identidad y edad de su hijo. Entonces Guillén se disculpaba de su duda y terminaba escribiendo “En fin, todo ha salido como en una novela rosa. Ahora empieza para el joven Raúl su más grave responsabilidad. La poesía es una disciplina muy seria y es preciso trabajar rudamente para dominarla, aun en lo que parezca más sencillo, que suele ser lo más difícil y peligroso. Ojalá llegue a ser este joven su crítico menos contentadizo, pues sólo respetando nosotros mismos nuestra obra podremos alcanzar para ella el respeto de los demás”.3

Años más tarde de este acontecimiento y en instantes de plena capacidad creadora, Novás volvería a Guillén y a su “Balada de los dos abuelos”, en esa obra plena de memoria que es el poema titulado “El sol en la nieve”, para desde la distancia mágica que despliega el acto poético, fundir a Martí y a Casal en un abrazo eterno:  “Juntos los dos sobre la tierra sangrante/ entre la fronda roja y el fruto/ que escondía una luz vaticinada/ Padre padre qué largo camino/  Yo los junto/ Yo los junto/ Los dos se abrazan”. ¿Cómo pudiéramos medir esa distancia? ¿Cuáles son los hilos finísimos que traza la palabra poética entre la evocación y esa “…verdadera intimidad, que es siempre extraña como un ángel, de la verdadera allendidad de lo Exterior?”4

Si intentásemos extender las diversas implicaciones de la palabra “distancia” en el universo poético de Novás y en especial en el poema que nos ocupa, sería preciso detenernos en el tópico del viaje. Aunque el desarrollo de este tema exigiría un mayor espacio de reflexión y por supuesto, un análisis que abarcara gran parte de su producción literaria, resulta capital en la develación de una conciencia crítica perceptiva, tan relevante en la conformación del universo lírico del poeta.

El relato del viaje es tan antiguo como la literatura misma, También los orígenes de nuestro universo literario latinoamericano se deben en gran parte a esa necesidad de “… {Reinventar a América} -como objeto de conocimiento, como paisaje, como literatura, como organización política- en un entramado con relatos de viaje europeos que corresponden a la etapa de expansión imperial del Viejo Mundo”5. Como una de sus estructuras primarias, la escritura de viaje nos permite acceder a una transformación del espacio real mediante el ensueño y la imaginación. Recordemos aquellos versos de uno de los mayores poemas de Baudelaire titulado precisamente “El viaje”: “¡Asombrosos viajeros! ¡Cuántas nobles historias/ leemos en sus ojos profundos como mares!/ Muéstrennos los estuches de sus ricas memorias/ maravillosas joyas de astros y de éter”.Este fragmento es el que inicia en el texto el contrapunto entre la mirada y la memoria, pero luego la voz de los viajeros traduce decepción y ansiedad por encontrar un entorno que solo existe en su imaginación. Por ello “Baudelaire compara a los viajeros con un marinero ebrio al que llama inventor de Américas”.6

Desde el poema “La ronda…” de Manuel de Zequeira, que Jorge Luis Arcos considera “el primer gran viaje de la poesía cubana”7 hasta “El sol en la nieve de Novás” publicado en la Revista Casa de las Américas en 1986 y posteriormente incluido en su libro Animal civil (1987), la poesía como acto de conocimiento ha navegado por diversas rutas en el imaginario poético de la isla. A menudo ha regresado a los orígenes para reescribir nuestra historia desde una página diferente, como hiciera Guillén de forma tan magistral en su poema “Llegada”: “¡Eh compañeros, aquí estamos!/ La ciudad nos espera con sus palacios, tenues/ como panales de abejas silvestres;/ sus calles están secas como los ríos cuando no llueve/ en la montaña,/ y sus casas nos miran con los ojos pávidos/ de las ventanas./ Los hombres antiguos nos darán leche y miel/ y nos coronarán de hojas verdes”.8

La lectura de Luisa Campuzano de “El sol en la nieve”  reconoce en Novás la tendencia de muchos escritores de los ochenta de “…promover nuevas lecturas de la cultura nacional”, eso que Arcos llamaba, el viaje que expresa el deseo de disolver el yo, la identidad, en un océano diferente.La propuesta poética de los escritores de los 80 nace en un momento en que los conceptos de “tradición” y “nación” se erigían como fundamentos de valor en la crítica literaria, algo que por supuesto dialogaba coherentemente con al menos tres de los elementos rectores del canon de la literatura cubana vigente: “(…) su evolucionismo determinista, su quizás excesivo optimismo, la necesidad de justificar la pertinencia ideológica de las obras”9. De ahí la necesaria reevaluación del canon por parte de estos escritores, para quienes los límites entre estos sistemas de valores eran bastante difusos y cuya necesidad de desasirse de la historia y del pasado que lo condicionaban en exceso, era tan fuerte como conflictiva.

Novás tuvo el acierto de reconocer que una revisión del canon de nuestra literatura era por razones obvias un viaje hacia los orígenes, guiado por los senderos de nuestros poetas fundadores, senderos hasta entonces distantes, leídos sobre el espejismo de la exclusión. Vale la pena citar in extenso las palabras de Fina García Marruz en su ensayo titulado “José Martí”, para comprender cómo dichas exclusiones no solamente afectaron a Casal y a otros poetas, sino cómo han condicionado las lecturas de los llamados autores canónicos:

Que un escritor como este se haya ofrecido a la acción ha dado lugar a un doble equívoco: unos dan en creer que ello resulta un símbolo de lo que debe ser todo hombre de letras que no esté vuelto de espaldas a los ideales comunes de su pueblo; otros _ los amantes de la poesía entre ellos_, se duelen por la obra que nos habría dejado de no haber estado obsedido por la independencia de su patria. Y es que acción y contemplación se suelen ver como dos órdenes diferentes que tienen tan poco que ver entre sí que es necesario abandonar uno para entregarse al otro, menospreciando alguno de los dos, cuando son justamente estas figuras como la de Martí las que nos revelan más claramente su misteriosa relación. Pues la acción no es la agitación vacía con que se la confunde ni la contemplación es una vacía especulación. Sólo han actuado realmente aquellos hombres en que el acto ha sido –como decía un apologista católico-, sólo esto: sobreabundancia de la contemplación. No creo que haya definición más justa. Es preciso llenarnos de silencio y soledad para que sobreabundemos en palabra y en obra.10

Motivado o no por las palabras que pronunciara Retamar en la clausura del Coloquio sobre Literatura Cubana, celebrado en La Habana en noviembre de 1981, donde recuperaba a Casal y a otros autores injustamente excluidos del canon (esta filiación entre la Conferencia de Retamar y el poema de Novás es otra de las tesis de Campuzano), lo cierto es que la reescritura de la historia que propone Novás con este poema, roza con varias nociones del relato de viaje y son precisamente estas determinaciones las que sustentan la esencia de su viaje intertextual: no hay relato de viaje sin invención; el sujeto del relato de viaje descubre la imagen del Otro y de lo Otro para proyectar la imagen de sí mismo.

Como expresara Ottmar Ette en su ensayo “Una literatura sin residencia fija. Insularidad, historia y dinámica sociocultural en la Cuba  del siglo XX”, una de las marcas que ya posee la literatura cubana desde el XIX y que se extiende al XX “… son tanto los patrones de movimiento en el espacio como también las fricciones entre los géneros”11. Martí y Casal, dos poetas, dos almas que señalaron el proceso de interiorización e independencia de nuestra lírica, a quienes les tocó vivir el enigma de la errancia, para Martí, anclada en un forzoso destierro desde donde toda construcción poética era un torrente de evocaciones relampagueando en su tremenda densidad (Dos Patrias tengo yo, Cuba y la noche); para Casal, una errancia  (quizás más espiritual que fáctica) y que mutaba entre el hastío, la soledad, la añoranza de otros cielos, otros paisajes, otra existencia. Recordemos algunos de los versos finales del poema “Autobiografía”, perteneciente a su primer cuaderno Hojas al viento (1890) donde exhibe eso que para Pedro Henríquez Ureña une a Casal con otras grandes voces de nuestra lírica (Heredia, la Avellaneda) y que denomina la pasión romántica de la auto-revelación:

Indiferente a todo lo visible,

ni el mar me atrae, ni ante el bien me extasío,

como si dentro de mi ser llevara

el cadáver de un Dios, ¡de mi entusiasmo!12

Cuando afirmábamos con anterioridad que “El sol en la nieve” nos enfrentaba a un viaje intertextual, era no solo desde el reconocimiento de que la intertextualidad es el procedimiento privilegiado para expresar la aguda conciencia poética del autor, sino en el hecho de que el “Texto modelo” (El canon de la literatura cubana) que opera como “paratexto modelador” se construye sobre una personal reivindicación de voces de nuestro panorama literario nacional, de ahí su condición imaginal, su necesaria invención. Lo peculiar de su reescritura de la historia, radica en el grado de significación de los referentes textuales que vienen a inscribirse en este Tiempo que podríamos llamar arquetípico, en virtud de su invocación de un tiempo histórico transformado ahora en acto de rememoración.

Sin prestarle el más mínimo espacio a nombrar la realidad aparente, la poesía de Novás se instaura en la búsqueda de lo esencial, condición acaso indispensable para llegar a conocer poéticamente. Es por ello que no encontramos en el poema ninguna alusión directa a los sujetos participantes en el acto de escritura (Martí, Casal, Guillén); en su lugar, la palabra poética se manifiesta a través de imágenes que nos remiten a aquellos tejidos simbólicos en la obra de estos autores que ocupan un lugar “autorizado” en el espacio de la cultura. El mismo título del poema “El sol en la nieve”, constituye el punto de partida de esta estrategia. De ahí en adelante, todo el texto es una prolongación de la palabra Patria con mayúsculas, bifurcada en dos senderos (¿las dos patrias de Martí) aparentemente contrapuestos:

La Patria radiante estaba entre la nieve muda

y la Patria sufriente oía con hastío el verdor eterno.

La Patria musculosa escuchaba el trueno de un torrente

                                        /bajo una estrella desterrada

y la Patria canija bebía su copa de cielo gris de París en un ajenjo.13

El encuentro que suscita el poema novasiano, significa el comienzo de una nueva existencia para estas dos figuras. Enunciadas de manera similar, como dos esencias de la noción de Patria, Casal y Martí, que nunca se pudieron conocer, comparten una misma experiencia de iluminación a través de la palabra poética. Lo que potencialmente garantiza la comunión entre ambos sujetos, además del empleo exquisito de los adjetivos, es el correlato con las propias experiencias vitales. Así Martí será sucesivamente: La Patria radiante, musculosa, enamorada, del destierro, la Patria viviente; mientras que Casal es la Patria sufriente, canija, impotente, desterrada en sí misma, sin tierra, la Patria agonizante. ¿Hacia donde nos conduce esta reescritura de la historia que solo se hace inteligible en la libertad de la creación?

La luz del Sol se torna, en su asociación con el alma martiana, la aspiración a una verdad, pues la poesía no dice otra cosa que lo que pudiera ser, a la luz de una nueva estrategia cognoscitiva. Para Novás, las asociaciones que conforman el texto modelo, conservan su grado de jerarquía. Respetar el espacio que cada autor sostiene en el canon de nuestra literatura es demostrar que su propuesta, primero informa al lector sobre el canon como un texto codificable en sí mismo, a través del entretejido intertextual y luego nos incita a reevaluarlo como un modelo susceptible de ser continuado. Hay dependencia del modelo pero también competencia con este.El modelo propone la convención, el resultado poético provoca contaminaciones entre estos moldes inaugurando otras cosmogonías. Martí es el padre espiritual que Casal no tuvo, y al que le dedica ese fragmento del poema que Luisa Campuzano denomina el texto de Casal y donde se hacen más visibles las relaciones con otras voces de nuestra lírica:

Padre padre aquí estoy yo íntimo y desnudo

yo todos los que te han amado y han sufrido

y todos los que vagaron solos

como un ejército en derrota

esperando al padre que ha de venir

para fundirme a él en un abrazo

quizás también a mí me diga

                                                 hijo.

Padre padre qué lento hastío

qué extraño estar solo y extraño

no tener almohada donde reposar

ni piedra de sueño.

Tú me veías desde un torrente

yo te esperaba en la nieve de ala tierna

que llueve como una bendición

Juntos juntos los dos bajo un cielo

Nos agriamos en vez de amarnos

Yo con mis pies cansados tú con el

pensamiento de mármol de tu frente

Nos encelamos en vez de abrir vía juntos

Juntos los dos sobre la tierra sangrante

entre la fronda roja y el fruto

que escondía una luz vaticinada

Padre padre qué largo camino

                                     Yo los junto

Yo los junto                   Los dos se abrazan.14

No podemos detenernos aquí en los diversos tejidos intertextuales visibles en este fragmento. Quedan detenidos en espera de otra mirada los ecos de los Evangelios y de los Poemas humanos de Vallejo, las referencias a la poesía de Villena, de Fina y de Heredia, la enorme presencia simbólica del libro Nieve de Casal y las citas textuales del obituario que escribiera Martí a la muerte de Casal.

Para que la voluntad poética del autor fuera eficaz, esa doble dimensión simbólica de la noción de Patria debiera cristalizar como toda escritura de viaje, en la creación de otro relato posible. Y es justo la alusión al encuentro de Darío y Martí en Nueva York, lo que da lugar a un nuevo vínculo en la intrahistoria en las que el cuerpo, el tiempo y el espacio entran en una interesante correlación, toda vez que el abrazo de Casal y Martí, hace que el viaje, como los viajes de Baudelaire, también sea una experiencia corporal. Cito a Luisa Campuzano en su ensayo “Raúl Hernández Novás: el encuentro de Casal y Martí”, uno de los escasos intentos por acercarse a esta obra: “…- como recordara Fernández Retamar en el texto citado- (Está haciendo referencia al texto “Raúl en su Cuba y en su noche” que escribiera Retamar a la muerte de Novás) el Maestro llamó hijo al nicaragüense (lo que) otorga mayor énfasis- con ese vocativo que es también una cita-, y al mismo tiempo, una dimensión singularmente humana, a esta voluntad de conciliación que propone el poema: quizá también a mí me diga/hijo”.15

Creo posible afirmar que en esta reconstrucción poética de la historia, la ventana más abierta al ideal de pureza y sacrificio que está en la esencia misma del acto poético, es el abrazo de Martí y Casal a través de la obra de Nicolás Guillén. No podría ser otro su lugar en el texto modelo, no podría ser otro abrazo que el de la Balada de los dos abuelos, poema publicado en West Indies LTD. En primer lugar, por las razones que ya se van tornando más obvias en estos momentos finales, y que están relacionadas con el lugar que ocupa Guillén en el canon de la literatura cubana. Solo su voz autorizada como Poeta nacional y con una poética de la reconciliación, volcada hacia la integración racial y cultural de nuestras tierras, podía lograr lo aparentemente imposible. Solo Guillén podía fundir al Sol y a la nieve sin que el abrazo significarala pérdida de identidad de los dos rostros de la Patria. Así como el abrazo de Don Federico y Taita Facundo coloca a estas dos figuras representativas de las dos grandes culturas que conforman nuestra identidad, bajo un mismo cielo y con una misma estatura en el alma de la nación, el abrazo de Casal y Martí promueve una nueva lectura de nuestra historia de la mano de otras relaciones, restituye a la esencia de la cubanidad, la amplitud de los estados y aconteceres, la apertura por la cual se percibe un infinito que siempre tratará de asirse a algún fragmento del misterio que nos rodea.

Hacia el final del poema, el tono elegíaco permite el acercamiento de estas dos rotas soledades. El instante de la muerte da lugar al único verso en que ambos senderos de la Patria abandonan sus separadas estructuras (cada una en un verso) para integrarse en una totalidad que, en el discurso de la historia, se asoma al centro mismo del misterio. Pareciera que la sobreabundancia de Casal estuviese en esa inocencia del acto poético de la espera, en esa manifestación de la trascendencia de la criatura que aguarda la iluminación, en palabras de María Zambrano: “La llama (que) purifica la realidad corpórea (…) iluminando, vivificando; (…) esa iluminación que solo puede venir del origen. La búsqueda del origen envuelve la búsqueda de la perdida luz originaria”.16

La Patria agonizaba en la sombra. La Patria moría cara al sol.

La Patria esperaba a la Patria que viniera a salvarla de su abismo.17

Si fuéramos a valorar con justeza, las connotaciones que adquiere en el poema de Novás este proceso de reescritura al que hemos estado aludiendo, tendríamos que reconocer otra arista, quizás menos visible por estar más alejada de lo anecdótico. Tras la construcción poética de estas dos (voces, rostros) de la Patria, subyace, más allá del juego con los diversas experiencias vivenciales de Casal y Martí, el reconocimiento de sus variantes poéticas como expresiones del sincretismo modernista. No olvidemos que en torno al modernismo Martí había afirmado que le tocaba a cada hombre reconstruir su vida: a poco que mire en sí, la reconstruye, un pensamiento que el excelente crítico del modernismo Iván Schulman interpreta como el inicio de la nueva vida para estos poetas, a quienes les tocaba “…narrar el proceso de la ruptura sociocultural, y (…) resemantizar los motivos caóticos, pluralísticos y precarios de la existencia moderna”18. En la raíz de la exclusión de Casal y otras voces del canon de nuestra literatura, no solo pudo existir un mecanismo de validación en exceso ideologizado sino también una errónea lectura del Modernismo literario. En el intento por develar la conflictividad y ambigüedad de las estructuras textuales de este movimiento, Raúl Hernández Novás accede a un doble proceso de reescritura: el del reconocimiento de las variantes poéticas de Casal y Martí como expresiones del sincretismo modernista y al mismo tiempo, el de la reescritura del canon de la literatura cubana a partir de la misma actitud de los modernistas, sobre todo, de la que asumieron a la hora de abordar las problemáticas referentes al lenguaje, donde pusieron en tela de juicio “(…) las formas privilegiadas de la literatura institucionalizada, autorizando el concepto de autonomía creadora”19. En última instancia, lo que hace Novás en este poema es reconstruir, desde las voces poéticas y universos cosmovisivos de ambos autores, lo que Iván Schulman denomina El proyecto transgresivo del modernismo, pero enfocado en el canon de la literatura cubana.

Para completar la mirada hacia este viaje intertextual que nos propone “El sol en la nieve”, necesitaríamos de otra lectura, que comenzaría justo ahora y que solo alcanzaremos a esbozar y es precisamente cómo el sujeto lírico de este relato de viaje, proyecta la imagen de sí mismo en el develamiento de lo Otro. Un acercamiento más profundo a la obra de Raúl, nos llevaría a la conclusión a la que arribara Fina García Marruz en su texto “Inútiles serían las estrellas”  y es el hecho de que Novás era otra vez Casal.  Su poética, como la de Casal, traduce la insuficiencia del ser humano inmerso en la materialidad del universo, su condición dual, unida y a la vez separada de la unidad  primordial; de ahí que los sujetos líricos de sus obras estén traspasados por una búsqueda angustiosa de la salvación (el viaje hacia el origen en busca de un principio creador, el viaje de conocimiento de Gelsomina, la exiliada del mundo). “Se dijera – nos recuerda Fina — que toda su poesía se resume en ese verso: y aquí me tienes frente al mar llorando (…) su definitiva imagen de hombre solo frente al mar del vivir mismo, de la eterna fluencia, que nada responde a las dudas y tribulaciones de su criatura solitaria”20, o en aquellos versos del libro Embajador en el horizonte (tan cercano al lamento de Casal en su búsqueda de la salvación) donde se pregunta por el destino de una piedra solitaria:

Toma esta nube ciega, guárdala en tu mano,

este pedazo de agua dormida, que no puede llorar,

responde a la sonrisa de su brillo

humilde, tenla en cuenta, no la arrojes,

esta piedra que ama, sola, dura,

desnuda. áspera, barrosa,

esta piedra que ama, no la dejes, guárdala en tu mano,

O déjame rodar, y besar tus caminos.21


1 Cintio Vitier: “Prólogo” a Raúl Hernández Novás, Enigma de las aguas, La Habana, Universidad de la Habana, Departamento de actividades culturales, 1983, p.5.

2 José Martí: “Julián del Casal”, en Obras escogidas en tres tomos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002, p.284.

3 Jorge Luis Arcos:” La poesía de Raúl Hernández Novás”, en Raúl Hernández Novás, Poesía, Casa de las Américas, 2007, p.11.

4 Fina García Marruz: “Lo exterior en la poesía”, en Ensayos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2003, p.76.

5 Jorge Monteleone: El relato de viaje. De Sarmiento a Umberto Eco. Librería Editorial El Ateneo,  Buenos Aires, 1998, p.17.

6 Idem, p.12.

7 Jorge Luis Arcos: “Del náufrago, la oscura sed. Sobre el viaje en la poesía cubana”, en  La palabra perdida, Ediciones Unión 2003, p.46.

8 Nicolás Guillén: “Llegada”, en Obra poética (Tomo I), Letras Cubanas, 2002, p.94.

9 Arturo Arango: “En otro lugar la poesía”, en Norberto Codina. Los ríos de la mañana (Poesía cubana de los 80), Ediciones Unión, 1995, pp.14-15.

10 Fina García Marruz: “José Martí”, en Ensayos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2003, p.23.

11 Ottmar Ette: “Una literatura sin residencia fija. Insularidad, historia y dinámica sociocultural en la Cuba del siglo XX”, Revista de Indias, 2005, vol. LXV, n. 235, p.733.

12 Julián del Casal: “Autobiografía”, en Poesías, Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1963, p. 16.

13 Raúl Hernández Novás: “El sol en la nieve”, en Poesía, Editorial Casa de las Américas, 2007, pp.396.

14Idem, pp.396-397.

15 Luisa Campuzano: “Raúl Hernández Novás: el encuentro de Casal y Martí”, Revolución y Cultura, n.5, 2000, p.18.

16 María Zambrano: La razón en la sombra. Antología del pensamiento de María Zambrano, Siruela, Madrid, 1993, p.104.

17 Raúl Hernández Novás, ob. cit, p.397.

18 Ivan Schulman: “Discursos de transformación, textos metamórficos”, en El sol en la nieve: Julián del Casal (1863-1893), Fondo Editorial Casa de las Américas, 1999, p.11.

19 Idem, p.14.  

20 Fina García Marruz: “Inútiles serían las estrellas”, Casa de las Américas, La Habana, a.XXXIV, n.192, jul-sep., 1993, p.109

21Raúl Hernández Novás: “Esta piedra que ama, y aun busca…”, en Poesía, Editorial Casa de las Américas, 2007, p. 224.

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