Eusebio se queda con nosotros

Si solo fuera por haber hecho el milagro de la resurrección de La Habana Vieja; si solo fuera por su amor a la historia de nuestra Isla, si fuera nada más por su patriotismo, su tenacidad, su elocuencia, su honestidad, su carisma, su antidogmatismo, su sencillez, sobrarían las razones de los que trabajamos en la Fundación Nicolás Guillén para agradecerle a Eusebio Leal el habernos permitido el privilegio de ser sus amigos, y sentir que con su muerte se nos va un pedazo de nosotros mismos.

Eusebio Leal y miembros de la Fundación Nicolás Guillén

Pero he aquí que Eusebio fue, además, más que un gran colaborador de la Fundación, una parte entrañable de ella. Admirador de la obra y el pensamiento de Guillén, siempre lo tenía presente en sus reflexiones, y siempre quiso que su legado llegara a todos.

Fue alguien que tenía el pronto Sí para nuestras muchas peticiones de ayuda. Sin costo y sin burocracia nos permitía utilizar los espacios que administraba la Oficina del Historiador, tanto para las filmaciones que debíamos hacer (por ejemplo, para el programa televisivo Aquí estamos. Presencia negra en la cultura cubana), como para cualquiera de nuestros eventos científicos o artísticos, y nunca, a pesar de sus muchas ocupaciones, se negó a participar de alguna manera en ellos.

Estatua de Nicolás Guillén en la Alameda de Paula

De él fue la idea de colocar un monumento a Guillén en la Alameda de Paula, tan cara al poeta. Y su Oficina corrió con las gestiones y los costos de la escultura y su emplazamiento. En su inauguración oficial habló y sus palabras fueron un nuevo aliento para nuestro trabajo y una nueva ocasión para ratificar nuestra admiración y respeto al hombre íntegro, al amador sin límites de su ciudad y su país, al trabajador incansable, que tuvo la amable voluntad de ser uno de nosotros.

La Fundación Nicolás Guillén nunca lo despedirá de su membresía espiritual. Se queda con nosotros para siempre. 

“La Alameda de Paula era uno de los espacios preferidos de Guillén en una ciudad a la que quiso mucho. Todo el mundo sabe que nació en Camagüey, pero sin La Habana no hubiera podido hacer gran parte de su obra. Amó profundamente a La Habana y entre sus virtudes, también quiso mucho a Eusebio Leal”. Nicolás Hernández Guillén

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