Mi primera y última foto con Eusebio Leal

Acabo de recibir la triste noticia del fallecimiento de Eusebio Leal. De súbito me llegaron a la memoria mis gratitudes para con él. A Eusebio, al igual que a mi maestro Benito Llanes, le debo el amor que siento por la historia, el respeto por el pasado; él me mostró el camino para redescubrir a Céspedes y a otros patriotas menos conocidos, pero no menos importantes.

Recordé el preciso día que hablé con él por vez primera (fue en el I Encuentro Internacional Cultura y Desarrollo, celebrado en el Palacio de Convenciones de La Habana), cuando me abordó para felicitarme por el libro Medio milenio por Morón, aún inédito –al cual luego le escribió el prólogo- y me ofreció una breve clase magistral sobre la importancia de la historia en cada comunidad. Entonces ni él ni yo sospechábamos que de ese mismo libro, Fidel expresaría que era “una nueva forma de narrar la historia”. En aquel encuentro mágico descubrí la inmensa sencillez y modestia de este gran intelectual cubano y universal.

En otras ocasiones descubrí el encantamiento de su palabra, alejado del podio, pues acostumbraba a hablar desde el piso, a la misma altura de los ojos de sus oyentes. Solo cuando el protocolo se lo imponía, no descendía de las tribunas.

En el 7mo Congreso de la UNEAC, celebrado en el Palacio de Convenciones en abril del 2008, después de un extenso y aleccionador discurso, con el que terminaba una sesión, me quedé pensativo junto a mi butaca y cuando vine a ver, sin apenas darme cuenta, permanecíamos en la sala sólo él y yo y algún que otro empleado del Palacio. Le expresé que había disfrutado su magistral intervención. Me miró a los ojos y me dijo: “Tú y yo nunca nos hemos fotografiado juntos, ¿no?, pues vamos a hacernos una foto”. Me quedé perplejo ante aquella muestra de humildad. Uno de los empleados nos hizo la fotografía, justamente una de las que publico hoy con toda la nostalgia del mundo empozada en mi corazón.

Larry Morales y Eusebio Leal

La otra foto revive mi último encuentro con él. Sucedió la mañana del 10 de julio del 2019 en la inauguración de una escultura del Poeta Nacional en la Alameda de Paula, como homenaje por el aniversario 30 de su muerte. El orador no pudo ser otro que Eusebio Leal, no sólo porque la escultura estuviera enclavada en su querida Habana Vieja, sino por lo que significó Guillén –según sus palabras- para la historia y la cultura cubana y un poco más allá de estas latitudes.

Eusebio Leal junto a Larry Morales en la Alameda de Paula, 2019.

Al concluir su discurso nos saludamos y yo cumplí con una de mis promesas que le había hecho en nuestro anterior encuentro en la Sala Martínez Villena de la UNEAC: entregarle un ejemplar de mi recién publicado libro El gallo de Morón. Lo tomó en sus manos y me dijo que él tenía una noción de la historia, pero que ahora la disfrutaría en toda su dimensión. Nunca supe si lo leyó, porque jamás nos volvimos a encontrar.

Tal vez como Eusebio y yo nos veíamos esporádicamente, me resista a creer que partió para siempre. Y, cuando viaje a La Habana y no lo vea en los eventos, las reuniones, los congresos, me imaginaré que anda atareado por las calles de su querida Habana Vieja, caminando sobre sus adoquines, poniendo las historias en su justo lugar, organizando los acontecimientos del pasado… para que nadie pueda tergiversarlos.

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