Van a poder enviar más odio. Bravo por el vicepresidente

Van a poder enviar más odio. Bravo por el vicepresidente

Seis meses y dos semanas después de arduos y concienzudos análisis de la política seguida hacia Cuba –contra Cuba, debí decir- por la administración de Donald Trump, finalmente la actual administración de ese país está en condiciones de pronunciarse.

El riguroso análisis de las políticas de Trump, llevado a cabo por los asesores y especialistas en el tema, posibilitó al presidente Biden, en primer lugar, disfrutar durante más de seis meses de las terribles consecuencias que esas políticas significaron para nuestra nación, en medio de la crisis económica y el recrudecimiento de la pandemia del SARS COV 2 que nos azota, junto al mundo entero. Tal disfrute, seguramente debe haberlo apreciado en grado sumo, en tanto no exigió mover un dedo, tal vez un arqueo cómplice de las canosas cejas, una disimulada sonrisa apenas insinuada, nunca sabremos.

Han sido seis meses de esquivar hábilmente cualquier pronunciamiento, cualquier definición que fuese incómoda, para las aspiraciones electorales de su partido en la contienda de medio término que debe tener lugar en el 2022 y las suyas también, si la bondad divina lo permite, en noviembre de 2024. Nada se hizo, nada que ocasionara el menor disgusto a los legisladores de su partido y del otro, que han hecho del odio contra Cuba, la única razón de su existencia política. Dicen que así se hace la política por esos lares.

Pero, en fin, uno tiene que ser consecuente y se sabe que nada bueno dura eternamente.

Ahora los acontecimientos recientes en nuestra Isla han puesto fin a tan idílico estado, y Biden ha debido pronunciarse, ante el riesgo de parecer que le es indiferente la suerte del pueblo cubano. En lo absoluto, mucho le preocupa.

Joe Biden, presidente de Estados Unidos

El jueves 15 de julio, durante una conferencia de prensa junto a la canciller Angela Merkel, anunció que estaba dispuesto a enviar vacunas al país caribeño, según la nota del diario El País, pero solo con la garantía de que una agencia internacional gestione la distribución. No aclara el referido medio si se trataría de una donación o una venta al gobierno cubano, contra el pago constante y sonante de inmediato, como ocurre con todo lo que se nos autoriza a comprar en ese país. La duda es justificada, porque él sabe bien que no se debe mal acostumbrar a los pobres a recibir todo gratuitamente. Si así hicieran los que mucho tienen ¿a dónde iríamos a parar?

En fin, nadie puede dudar de la nobleza del ofrecimiento, que, de paso, le callará la boca a todos los que le recriminan porque sabiendo lo que puede significar una vacuna efectiva para contener una pandemia, haya perseguido implacablemente toda posibilidad de que adquiriésemos lo necesario para elaborarlas.

La intención del presidente Biden es inmejorable, sería la solución definitiva para la dificilísima situación que hoy enfrentamos con la pandemia. Digo, sería así, si no fuese porque Cuba tiene ya una vacuna, un candidato vacunal a punto de convertirse en otra y otros tres candidatos que juegan ya un papel significativo en nuestros esfuerzos por contener la transmisión de la epidemia. Seguramente nadie se lo dijo, de otra manera sería un cinismo su declaración y nadie puede imaginarse, que ese anciano, de rostro tan noble y bondadoso, quiero decir el presidente Biden, sea capaz de semejante infamia.

Y como prueba al canto, seguidamente enfatizó su decisión de no permitir que ni un solo centavo de los cubanoamericamos que residen allá, vaya a parar a las arcas, si es que nuestro menguado tesoro puede llamarse de ese modo, del gobierno de la Isla. Claro está, de paso tampoco contribuirá uno solo de esos centavos a paliar las dificultades con que hoy viven sus familiares en la Isla, lo que podríamos llamar un daño colateral. En lo que a Biden se refiere, es imposible más bondad y generosidad en su actuación. Tanto amor, desvelo y preocupación por Cuba y los cubanos no lo olvidaremos jamás.

El presidente Biden, para no dar lugar a malos entendidos, remató su intervención anunciando una evaluación de las posibilidades de su país para propiciar el acceso a Internet, gratuito, de todos los cubanos, mediante el empleo de globos, según pude leer en otro medio digital. Me extraña que no se anunciara alguna previsión contra el uso de esa Internet por quienes trabajan para el gobierno o simpatizan con él. En fin, Internet en lugar de remesas.

He visto en los últimos días, como a través del Estrecho de la Florida, Internet y especialmente las redes sociales, se han llenado de odio. El mensaje es claro, si estos nuevos globos de Biden tuviesen éxito, los cubanos todos podríamos hacernos llegar mucho más odio.

Remesas no, lo que Biden alienta a enviar es mucho odio. Odio entre amigos, entre tíos y sobrinos, primos y primos, hermanos y hermanos, padres e hijos. Todo el odio posible.

Pero no, no será así.

Norberto Codina, un gran amigo, intelectual inteligente y honesto, recordaba hoy en una declaración a los medios y cito:

Cuba es una y muchas Cubas.

La inmensa mayoría de los cubanos lleva su país consigo, no importa si vive en lo más profundo de la Isla o en cualquier rincón del mundo; no importa su estrato social; su piel, su edad, su condición religiosa o su ideología. Y la forman sus consensos y disensos, como cualquier sociedad o familia. Lo que no debe caber es el odio…

Tiene razón Norberto, no debe caber y no cabrá, pese a las mejores intenciones de Joe Biden.

Hasta hoy casi creí, que sus dilaciones y maniobras, las declaraciones de sus Secretarios y Asesores, todos los actos de su administración en relación con Cuba, se explicaban de un modo u otro por sus afanes y los de su partido para prevalecer en las elecciones de medio término y en las próximas presidenciales. Pero ahora sé que, en el 2024, Biden tan solo aspira a ser el vicepresidente de Donald Trump.

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