Otra vez la OEA

Otra vez la OEA

Entre 1960 y 1962, se consolidó la intención de los gobiernos norteamericanos —que aún persiste, después de sesenta años— de destruir la Revolución cubana. Lo procuraron por todos los medios: económicos, políticos, diplomáticos, comerciales, financieros, militares, materiales; incluso una fallida invasión por una de las playas de la Isla, un bloqueo criminal, y planes, también fallidos, de magnicidio. De esas acciones no escapó el plan de aislar a Cuba de su entorno más inmediato: nuestra América.

En esos años se celebraron, respectivamente y con el mismo propósito, dos conferencias de la OEA, planificadas, convocadas, y financiadas, sin lugar a dudas, desde Washington. La primera, celebrada en San José de Costa Rica en 1960, inició la maniobra de expulsión de Cuba de esa organización, y la segunda (Punta del Este, Uruguay, 1962) la completó, no sin antes aceptar la oferta de una supuesta «Alianza para el Progreso» en pago, como dejó claro la Segunda Declaración de La Habana, de «la renuncia a la soberanía nacional de nuestros pueblos y la consagración del odiado derecho de intervención yanqui en los asuntos internos de América…», todo «mediante presión política y chantaje económico sin precedentes…».

Para ambas reuniones hubo una contundente respuesta del gobierno y el pueblo cubanos, con las dos Declaraciones de La Habana, y también con manifestaciones espontáneas de rechazo, de las que el arte y la literatura no fueron ajenos. Tampoco, por supuesto, fue ajeno Nicolás Guillén, quien, para la de Punta del Este escribió un artículo cuyo título lo dice todo: «La suerte está echada».

Pero ahora queremos destacar unas décimas sobre la de San José —publicadas en el periódico Hoy el 3 de septiembre de 1960—, que pudiéramos llamar, imitando al poeta Manuel de Zequeira, «joco-serias», y que vienen bien con las actuales, y reiteradas, intenciones del imperialismo norteamericano de involucrar a la que considera su «ministerio de colonias», en sus planes contra Cuba, y cuyo final reitera la voluntad de la Isla a sobrevivir a todas las agresiones. 

Periódico Hoy el 3 de septiembre de 1960

Los enanos de la OEA

 I
 Los enanos de la OEA,
 esclavos son de la USA;
 cabezas de guano y tusa,
 donde no crece una idea.
 Pajes de sucia librea,
 de cuya espina encorvada,
 como de un arco lanzada
 la oscura flecha partió
 con que el yanqui pretendió
 ver a Cuba traspasada.
 II
 Aunque con sacos de plata
 los compra Herter, bien miro
 que esta vez le salió el tiro
 a Herter por la culata.
 El yanqui pata con pata
 los ató a punta de fuete,
 pero no contó el zoquete
 con lo que contar debía:
 que en Cuba no se podía
 juntar dólar con machete.
 III
 ¿Ni quien dijo a esos bandidos,
 esos gorilas castrados,
 que eran los abanderados
 de nuestros pueblos erguidos?
 A pedradas y silbidos
 América los alcanza:
 en pleno rostro les lanza
 la saliva del insulto
 y sobre el negro tumulto
 enciende un sol de esperanza.
 IV
 Nuestra tierra libre y fuerte
 de bronce y sueño, forjemos:
 ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!
 ¡Venceremos! ¡Patria o Muerte!
 Que todo el pueblo despierte
 en nuestra América unida;
 que desate incontenida
 su furia el esclavo y paria;
 que grite su voz agraria:
 ¡Venceremos! ¡Patria y Vida! 

Deja una respuesta