EMMETT TILL

EMMETT TILL

Este domingo 25 de julio, Emmet Till habría cumplido 80 años, pero en agosto de 1955, unos días después de haber cumplido 14, fue secuestrado por dos hombres blancos y salvajemente asesinado luego de inconcebibles torturas. Emmet Till vivía en Chicago, pero había logrado convencer a su madre para pasar sus vacaciones escolares en Mississipi, donde vivía parte de su familia.

De todos modos, es difícil tener la certeza de que Emmet Till hubiese podido celebrar su octogésimo aniversario. En el país mas desarrollado del mundo, la esperanza de vida de los afroamericanos es de 71 años y 10 meses , casi 6 años menos que la de sus compatriotas blancos. Ambos grupos han visto disminuida su esperanza de vida alrededor de un año, como consecuencia de la pandemia que asola el mundo entero, pero en en el caso de los afroamericanos ha sido más, como es natural en el orden de las cosas de esa sociedad. A la pandemia se suma el incremento de los asesinatos entre los jóvenes afroamericanos, incluyendo algún que otro crimen cometido por las fuerzas del orden de ese país.

Pese a estar habituados a las bárbaras condiciones de vida y muerte que caracterizaba la existencia de los negros en el sur de los Estados Unidos, el caso de Emmet Till, conmocionó la nación y el horror que produjo se extendió más allá de sus fronteras.

Entre los horrorizados, por Un niño negro, asesinado y solo, estuvo Nicolás Guillén.

ELEGIA A EMMETT TILL

El cuerpo mutilado de Emmett Till, 14 años, de Chicago, Illinois, fue  extraído del río Tallahatchie, cerca de Greenwood, el 31 de agosto, tres días después de haber sido raptado de la casa de su tío, por un grupo de blancos armados de fusiles…

The Crisis, New York, octubre de 1955.
 En Norteamérica,
 la Rosa de los Vientos
 tiene el pétalo sur rojo de sangre.
  
 El Mississippi pasa
 ¡oh viejo río hermano de los negros!,
 con las venas abiertas en el agua,
 el Mississippi cuando pasa.
 Suspira su ancho pecho
 en su guitarra bárbara,
 El Mississippi cuando pasa
 llora con duras lágrimas.
  
 El Mississippi pasa
 y mira el Mississippi cuando pasa
 árboles silenciosos
 de donde cuelgan gritos ya maduros,
 el Mississippi cuando pasa,
 y mira el Mississippi cuando pasa
 cruces de fuego amenazante,
 el Mississippi cuando pasa,
 y hombres de miedo y alarido
 el Mississippi cuando pasa,
 y la nocturna hoguera
 a cuya luz caníbal
 danzan los hombres blancos,
 y la nocturna hoguera
 con un eterno negro ardiendo,
 un negro sujetándose
 envuelto en humo el vientre desprendido,
 los intestinos húmedos,
 el perseguido sexo,
 allá en el Sur alcohólico,
 allá en el Sur de afrenta y látigo,
 el Mississippi cuando pasa.
  
 Ahora  ¡oh Mississippi,
 oh viejo río hermano de los negros!,
 ahora un niño frágil,
 pequeña flor de tus riberas,
 no raíz todavía de tus árboles,
 no tronco de tus bosques
 no piedra de tu lecho,
 no caimán de tus aguas:
 un niño apenas,
 un niño muerto, asesinado y solo,
 negro.
  
 Un niño con su trompo,
 con sus amigos, con su barrio,
 con su camisa de domingo,
 con su billete para el cine,
 con su pupitre y su pizarra,
 con su pomo de tinta,
 con su guante de béisbol,
 con su programa de boxeo,
 con su retrato de Lincoln,
 con su bandera norteamericana,
 negro.
  
 Un niño negro asesinado y solo,
 que una rosa de amor
 arrojó al paso de una niña blanca.
  
 ¡Oh viejo Mississippi,
 oh rey, oh río de profundo manto!,
 detén aquí tu procesión de espumas,
 tu azul carroza de tracción oceánica:
 mira este cuerpo leve,
 ángel adolescente que llevaba
 no bien cerradas todavía
 las cicatrices en los hombros
 donde tuvo las alas;
 mira este rostro de perfil ausente,
 deshecho a piedra y piedra,
 a plomo y piedra,
 a insulto y piedra;
 mira este abierto pecho,
 la sangre antigua ya de duro coágulo.
 Ven y en la noche iluminada
 por una luna de catástrofe,
 la lenta noche de los negros
 con sus fosforecencias subterráneas,
 ven y en la noche iluminada,
 dime tú, Mississippi,
 si podrás contemplar con ojos de agua ciega
 y brazos de titán indiferente,
 este luto, este crimen,
 este mínimo muerto sin venganza,
 este cadáver colosal y puro:
 ven y en la noche iluminada,
 tú, cargado de puños y pájaros,
 de sueños y metales,
 ven y en la noche iluminada,
 oh viejo río hermano de los negros,
 ven y en la noche iluminada,
 ven y en la noche iluminada,
 dime tú, Mississippi... 

Este poema fue escrito en Sofía y Berlín, entre los meses de septiembre de 1955 y enero de 1956. Traducido al francés por Claude Coffon, fue publicado antes de conocerse la versión original en español, en el número 124 de la revista Les Temps Modernes, dirigida por Jean Paul Sartre, en mayo de 1956.

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