Digo que yo no soy un hombre puro

Digo que yo no soy un hombre puro

Sigo descubriendo al hombre y sus versos, a un Guillén que a través de estas fotos y textos nos revela quién fue, es y será: esencia, sentimiento y huella de un cubano puro.

Eviel ramos

Adivinanzas

West Indies Ltd (1934)

En los dientes, la mañana,
y la noche en el pellejo.
¿Quién será, quién no será?
El negro.
Con ser hembra y no ser bella,
harás lo que ella te mande.
¿Quién será, quién no será?
El hambre.
Esclava de los esclavos,
y con los dueños tirana.
¿Quién será, quién no será?
La caña.
Escándalo de una mano
que nunca ignora la otra.
¿Quién será, quién no será?
La limosna.
Un hombre que está llorando
con la risa que aprendió.
¿Quién será, quién no será?
Yo.

Fonoteca de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2000):

https://youtu.be/K_-S9udokJ0

No sé por qué piensas tú

Canto para soldados y sones para turistas (1937)

No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
tú.

Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?

Me duele que a veces tú
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo.

Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú,
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo.

Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
adónde vamos yo y tú...
¡No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!

Canción

La rueda dentada (1972)

 ¡De qué callada manera
 se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)

Fonoteca de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2000):

https://youtu.be/U1-TgoVmHqM

La muralla

La paloma de vuelo popular (1958)

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.

Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel…
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés…
—¡Cierra la muralla!

Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la hierbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla…

Alcemos una muralla
juntando todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte…

Problemas del subdesarrollo

La rueda dentada (1972)

Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismarck.

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara,
y que dónde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
que te hablen siempre en español.

Martí

Tengo (1964)

¡Ah, no penséis que su voz
es un suspiro! Que tiene
manos de sombra, y que es
su mirada lenta gota
lunar temblando de frío
sobre una rosa.
 
Su voz
abre la piedra, y sus manos
parten el hierro. Sus ojos
llegan ardiendo a los bosques
nocturnos; los negros bosques.
Tocadle: Veréis que os quema.
Dadle la mano: Veréis
su mano abierta en que cabe
Cuba como un encendido
tomeguín de alas seguras
en la tormenta. Miradlo:
Veréis que su luz os ciega.
Pero seguidlo en la noche:
¡Oh, por qué claros caminos
su luz en la noche os lleva!

Llegada

Sóngoro cosongo (1931)

¡Aquí estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico nos amanece entre las venas.
El puño es fuerte
y tiene el remo.
       
En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes.
El grito se nos sale como una gota de oro virgen.
Nuestro pie,
duro y ancho,
aplasta el polvo en los caminos abandonados
y estrechos para nuestras filas.
Sabemos dónde nacen las aguas,
y las amamos porque empujaron nuestras canoas bajo
los cielos rojos.
Nuestro canto
es como un músculo bajo la piel del alma,
nuestro sencillo canto.
       
Traemos el humo en la mañana,
y el fuego sobre la noche,
y el cuchillo, como un duro pedazo de luna,
apto para las pieles bárbaras;
traemos los caimanes en el fango,
y el arco que dispara nuestras ansias,
y el cinturón del trópico,
y el espíritu limpio.
Traemos
nuestro rasgo al perfil definitivo de América.
       
¡Eh, compañeros, aquí estamos!
La ciudad nos espera con sus palacios, tenues
como panales de abejas silvestres;
sus calles están secas como los ríos cuando no llueve en la montaña,
y sus casas nos miran con los ojos pávidos
de las ventanas.
Los hombres antiguos nos darán leche y miel
y nos coronarán de hojas verdes.
       
¡Eh, compañeros, aquí estamos!
Bajo el sol
nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos
de los vencidos,
y en la noche, mientras los astros ardan en la punta
de nuestras llamas,
nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros.

Bares

La paloma de vuelo popular (1958)

Amo los bares y tabernas
junto al mar,
donde la gente charla y bebe
sólo por beber y charlar.
Donde Juan Nadie llega y pide
su trago elemental,
y están Juan Bronco y Juan Navaja
y Juan Narices y hasta Juan
Simple, el sólo, el simplemente
Juan.
 
Allí la blanca ola
bate de la amistad;
una amistad de pueblo, sin retórica,
una ola de ¡hola! y ¿cómo estás?
Allí huele a pescado,
a mangle, a ron, a sal
y a camisa sudada puesta a secar al sol.
 
Búscame, hermano, y me hallarás
(en La Habana, en Oporto,
en Jacmel, en Shanghái)
con la sencilla gente
que sólo por beber y charlar
puebla los bares y tabernas
junto al mar.

Guitarra

El son entero (1947)

A Francisco Guillén

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
Voz de profunda madera
desesperada.

Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.

Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.

Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,

y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.

¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!

Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero. . .

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

Pasan días

Poemas no incluidos en colecciones anteriores

Olas de gordo aceite son mis días:
pasan tan lentamente que no pasan.
Los hombres a mi lado miran, pasan,
lentos también como mis lentos días.
 
El futuro está ahí, lleno de días,
pero es un duro charco: por él pasan
lentas sombras de sueños cuando pasan…
Nocturnos cielos cúbrenme los días.
 
Aprendí, me enseñaron los que pasan
que siempre pasan, pasarán los días,
aunque a veces parezca que no pasan.
 
Supe además que a bordo de mis días
pasaré yo también con los que pasan,
ceniza en la ceniza de los días.

A Camagüey suelo ir

Sol de domingo (1982)

A Camagüey suelo ir
por revivir
mis claros días de infancia.
Aspiro allá la fragancia
rosas que no volverán.

¡Oh nubes en la distancia
del porvenir,
que es ya morir,
mientras que naciendo están
los que mi sitio tendrán!

Desde el puente, correr
me asomo a ver
las viejas aguas del río.
Un río que es todo mío
de aguas que no volverán.

Bajo el gran cielo sombrío
de mi dolor,
sollozo por
muertos que durmiendo están,
y en olas de olvido van.

¡Qué mundo tan feliz!

Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1973)

Tema para un programa
infantil de televisión.

Queridos muchachitos,
me llamo Colibrí;
mi amiga es Azucena,
y mi amigo Jazmín.

La vida empieza ahora,
¡qué alegre es el vivir!
¿Tocas la pandereta?
Yo toco el cornetín.

En Cuba un mundo nace,
un mundo libre al fin.
Un mundo sin esclavos...
¡Qué mundo tan feliz!

Yo nunca digo

Sol de domingo (1982)

Guaguancó

Yo nunca digo
que mi canción es de protesta,
yo siempre dejo
que lo diga ella,
así en la calma
de la serena tarde,
como en el alba fría
o en el desierto anochecer.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.

Si mi guaguancó protesta,
ay, también protesto yo.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.

Guaguancó, que guaguancó,
que guaguancó, guaguancó.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.

Sube el humo, sube el humo,
subiendo está el guaguancó.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.
No, no.
No.

Así en la calma
de la serena tarde,
como en el alba fría
o en el desierto anochecer.

Digo que yo no soy un hombre puro

La rueda dentada (1972)

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.

Tengo

Tengo (1964)

Cuando me veo y toco
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.

Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo que como tengo la tierra tengo al mar,
no country,
no jailáif,
no tenis y no yacht,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.

Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reír.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.

Nieve

La rueda dentada (1972)

Como la nieve cae aquí,
nieva también dentro de mí.
(Verlaine con nieve, ¿no es así?)
De ti me acuerdo —ya sin ti.
 
¿A qué llorar, me digo yo,
por quien no llora ni lloró?
Si estuve escrito, me borró,
si ardí un instante, me apagó.
 
Caiga la nieve, está muy bien.
Mas no por eso va Guillén
a entristecerse si no hay quien
del mismo mal muera también.
 
Literatura, en realidad,
nimia de toda nimiedad.
¿Que está nevando en la ciudad?
Al fin y al cabo es la verdad.

Morir de amor

Otros poemas rezagados, Obra Poética (2002)

Pobre del triste mortal
a quien depara la suerte
morir con la dura muerte
de la bala o del puñal.

Pero es más pobre, a mi ver,
y tiene más de sufrir
el que se siente morir
de amor por una mujer.

Acaba pronto la bala;
el puñal, rasga y termina;
¡qué bien va la punta fina,
qué bien va el plomo con ala!

Pero el amor nunca acaba:
vierte sombra en nuestra luz,
nos hiere, busca una cruz
y luego en la cruz nos clava.

Allí, la hiel envenena,
la esponja que al labio asusta,
la cruel lanzada y la adusta
corona de espinas llena.

Y allí clavados sufrir,
pálida y mustia la frente,
muriendo perennemente
sin acabar de morir.

¿No es más feliz el mortal
a quien depara la suerte
morir con la dura muerte
de la bala o el puñal?

Mulata

Motivos de son (1930)

Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata.

Y fíjate bien que tú
no ere tan adelantá,
poqque tu boca e bien grande,
tu pasa, colorá.

Tanto tren con tu cuerpo,
tanto tren;
tanto tren con tu boca,
tanto tren;
tanto tren con tu sojo,
tanto tren.

Si tú supiera, mulata,
la veddá;
¡que yo con mi negra tengo,
y no te quiero pa na!

Décimas

Poemas no incluidos en anteriores ediciones de Obra Poética

Al compañero Marcelino Arozarena, 
en sus sesenta.

En la presente ocasión
te quiero felicitar
y con gran sinceridad
brindarte mi corazón.
Tengo huevos con bacón
chuletas con papas fritas
y aunque no lo necesitas
tengo para tus antojos
los brazos, piernas y ojos
de una muchacha bonita.

Dirás que es una sorpresa
esta fiesta que te hacemos,
pero ante todo tratemos
que la verdad resplandezca:
Fuiste tú que haciendo muescas
y sacando bien la cuenta
dijiste: cumplo sesenta,
anímense, caballeros,
pues para serles sincero:
necesito mucha fiesta.

Ante tanta novedad
vimos muy bien, Marcelino,
que con sólo paz y vino
no bastaba, a la verdad.
Así, queriendo hacer más
y de paso complacerte,
formamos este guateque
y vinimos a este hotel
para contigo tener
algo con que entretenerte.

Al menú que ya escuchaste
añadiré por mi cuenta
empanadas de Gaceta
y el Diario con aguacate.
Después, para no cansarte,
Lingüística en ensalada
Lino con carne mechada
y rodeado de lechuga
Urrutia todo pechuga
para defender la raza.

Dentro de poco vendrá 
una orquesta bien galana
que es la mejor de La Habana
como a su tiempo verás.
Marcelino, bailarás,
y repicando un cajón
lleno de gran ilusión
iremos de dos en dos
arrollando como Dios
hasta que se acabe el ron.

Por supuesto, habrá un estreno,
el de San Pascual Bailón
con su ritmo coquetón
sin que falte el Negro Bueno.
Cantarán El Sungumbelo,
aunque sé que lo que añoras
cada día y cada hora
para tu goce y regalo
son la bandola y el palo
que usaba la Ma Teodora.

A comer llamando están
en honor de Marcelino;
pero no, como adivino,
tan sólo vino con pan.
Al punto todos irán
(iremos, mejor diría)
en sacrosanta porfía
a hundir el tremendo diente,
de modo el más elocuente,
es el menú, que se enfría.

Por final, una advertencia
o si quieren, un aviso
que me veo en el compromiso
de hacer llegar a esta audiencia.
Y es a saber: la decencia,
lo cordial de la acogida,
lo bueno de la comida
y esta mesa atiborrada,
no se pagan a la entrada:
pagamos a la salida

Congrí-lechón

Obra poética

Gracias os doy desde aquí
(y me toco el corazón)
por este amable lechón
tan amigo del congrí.
Milagro tal nunca vi,
digo con suave emoción...
¿Qué haremos con el lechón?
Pues comerlo con congrí,
si, como en esta ocasión,
no viene solo el lechón,
sino acompañado así.

Aunque no como congrí,
siempre he comido lechón,
cuando veo que llega, así,
cual llega en esta ocasión.
Por eso es que en cuanto a mí
(repiqueteando un cajón)
exclamo lleno de unción:
¡Bienvenido sea el congrí
cuando viene con lechón!
Bonita, buena ocasión,
que aprovecho desde aquí,
tocándome el corazón:
Bienvenido sea el lechón
cuando viene con congrí.
¡Caramba, qué confusión!

¿Perdido habré la razón
con el lechón,
con el congrí,
con el congrí,
con el lechón?
Pi,
pon,
pooon,
piiii.

¡Pon,
Pi!
Lechón,
Congrí.

Epigramas

La rueda dentada (1972)

I

Pues te diré que estoy apasionado
por un asunto vasto y fuerte
que antes de mí nadie ha tocado:
Mi muerte.

Miedo

Poemas no incluidos en colecciones anteriores

De repente me asusta
pensar que estoy viviendo.
¡Qué aventura terrible,
qué miedo!

Estar aquí encerrado,
el corazón latiendo;
aquí, sin saber nada,
con los ojos abiertos;
aquí como un sonámbulo,
manos rectas, de ciego,
buscando una salida,
un gendarme, un portero.

Yo aquí en la vida, solo,
viviendo.

Glosa

El son entero (1947)

No sé si me olvidarás,
ni si es amor este miedo:
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
	   Andrés Eloy Blanco

1
Como la espuma sutil
en que el mar muere deshecho,
cuando roto el verde pecho
se desangra en el cantil,
no servido, sí servil,
sirvo a tu orgullo no más,
y aunque la muerte me das,
ya me ganes o me pierdas,
sin saber si me recuerdas
no sé si me olvidarás.

2
Flor que sólo una mañana
duraste en mi huerto amado,
del sol herido y quemado
tu cuello de porcelana:
quiso en vano mi ansia vana
taparte el sol con un dedo;
hoy así a la angustia cedo
y al miedo, la frente mustia...
No sé si es odio esta angustia,
ni si es amor este miedo.

3
¡Qué largo camino anduve
para llegar hasta ti,
y qué remota te vi
cuando junto a mí te tuve!
Estrella, celaje, nube,
ave de pluma fugaz,
ahora que estoy donde estás,
te deshaces, sombra helada:
ya no quiero saber nada;
yo sólo sé que te vas.

4
¡Adiós!  En la noche inmensa,
y en alas del viento blando,
veré tu barca bogando,
la vela impoluta y tensa.
Herida el alma y suspensa,
te seguiré, si es que puedo;
y aunque iluso me concedo
la esperanza de alcanzarte,
ante esa vela que parte,
yo solo sé que me quedo.

Piedra de horno

Cerebro y corazón (1922)

La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo,
creo;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
desciende de tu pelo,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.

A veces…

La rueda dentada (1972)

A veces tengo ganar de ser cursi
para decir: la amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor rompiéndome el pecho,
una flor, y decir: esta flor,
para usted.

Madrigal

Sóngoro cosongo (1931)

Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Ésa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.

Signo de selva el tuyo,
con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus ojos.

Yo nunca digo

Sol de domingo (1982)

Guaguancó

Yo nunca digo
que mi canción es de protesta,
yo siempre dejo
que lo diga ella,
así en la calma
de la serena tarde,
como en el alba fría
o en el desierto anochecer.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.

Si mi guaguancó protesta,
ay, también protesto yo.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.

Guaguancó, que guaguancó,
que guaguancó, guaguancó.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.

Sube el humo, sube el humo,
subiendo está el guaguancó.

Mi cuchillo tiene filo,
no lo sujetes, no, no.
No, no.
No.

Así en la calma
de la serena tarde,
como en el alba fría
o en el desierto anochecer.
 

Rosa tú melancólica

El son entero (1947)

El alma vuela y vuela
buscándote a lo lejos,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo.
Cuando la madrugada
va el campo humedeciendo,
y el día es como un niño
que despierta en el cielo,
Rosa tú, melancólica,
ojos de sombra llenos,
desde mi estrecha sábana
toco tu firme cuerpo.
Cuando ya el alto sol
ardió con su alto fuego,
cuando la tarde cae
del ocaso deshecho,
yo en mi lejana mesa
tu oscuro pan contemplo.
Y en la noche cargada
de ardoroso silencio,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo,
dorada, viva y húmeda,
bajando vas del techo,
tomas mi mano fría
y te me quedas viendo.
Cierro entonces los ojos,
pero siempre te veo
clavada allí, clavando
tu mirada en mi pecho,
larga mirada fija,
como un puñal de sueño.

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