El esclavo en el cine cubano de ficción

 

La ruta del esclavo en el cine cubano de ficción (1938-1979). Reflexiones a cuatro décadas de La última cena .

Ponencia ofrecida en el marco del Décimo Coloquio de Música y Poesía Nicolás Guillén

Dr.C. Juan Ramón Ferrera Vaillant, Universidad de La Habana (Cuba)

Lic. Reynier Rodríguez Pérez, Universidad de Oriente (Cuba)

 

Si bien el más antiguo filme de ficción rodado en Cuba donde aparece un personaje negro fue La hija del policía o En poder de los ñáñigos,de Enrique Díaz Quesada(1917), la primera película en que aparece un negro caracterizado como esclavo fue Sucedió en La Habana, de Ramón Peón (1938).1
Contó con actuaciones de María de los Ángeles Santana,Rita Montaner, Federico Piñero, Alberto Garrido, Sergio Miró, Julio Gallo, Lolita Berrío, Enriqueta Sierra, Juan Miguel Alonso, Arnaldo Sevilla, Margot Alvariño, Francisco Borroto, Miguel Cardona y Eduardo Muñoz, entre otros.

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Decisión migratoria. Cortesía del Artista Israel Moya

En la cinta, el esclavo Narciso evoca con cierta nostalgia las fiestas en los barracones de los esclavos del ingenio, propiedad del papá de Gloria, la protagonista, que pasa un tiempo en la casa de vivienda en compañía de su tía Eulogia. Aquí Peón idealizó, por vez primera, el espacio del barracón en el cine cubano, pero no sería él ni el único ni el último en convertir los horrores del sistema esclavista en “nostalgias”.

 

Un año después, Siboney, del mexicano Juan Orol, presentó el extraño conflicto de un joven de familia rica, que defendía a los esclavos para contrariedad de su padre, a quien la vida deparó triunfar en el extranjero como productor teatral.Regresa a Cuba tras la muerte de su progenitor y actúa, en diferentes escenarios, acompañado de su amante, Ligia, y de Siboney, una hermosa esclava liberta, con la que vuelve al extranjero y regresa una vez más, luego, para incorporarse a la guerra de independencia. Al final,resulta gravemente herido en el campo insurrecto, y le exigirá a Siboney y al nuevo amor de esta, Ricardo, que procurasen ser felices en su honor, ya en una Cuba liberada.

Hacia la década de los años cincuenta, dos filmes retomaron los personajes esclavos: Cimarrón(1953),de Plácido González Gómez;película en la que según Walfredo Piñera, un esclavo fugitivo marcha hacia su propia muerte; y La mujer que se vendió (1954), de Agustín P. Delgado, versión de la radionovela “El precio de una vida”, de Félix B. Caignet. En la historia de amores que narra la cinta destaca, como personaje de segunda línea, Dionisio: un esclavo, interpretado de manera magistral por un Alejandro Lugo pintado de negro.

A estas cuatro películas que se ya han mencionado pueden incorporarse otras cuatro: La última cena, de Tomás Gutiérrez Alea (1976) y El otro Francisco (1974), Rancheador (1976) y Maluala (1979), de Sergio Giral, todas ellas producidas por el ICAIC. Se obtendrá así una visión amplia de la presencia del personaje del esclavo en el cine cubano de ficción, entre los años 1938 y 1979. En todos los casos hablamos de la representaciónde esclavos en contextos cubanos, lo cual deja fuera a Cumbite (1964), de Tomás Gutiérrez Alea,donde también hayesclavospero representados en Haití. La película llevó a escena los ambientes y personajes de la novela Gobernadores del rocío de Jacques Roumain.

Pudiera decirse de modo general que, en el caso de los filmes de Giral, la representación del esclavo estuvo permeada de un amplio sentido didáctico que, a juicio del propio cineasta, permitiría una comprensión más eficaz de lo que fue la esclavitud. Sin embargo, ese didactismo llevó a idealizar, restringir y sintetizar los horrores de la vida en cautiverio de millones de seres humanos y dar una visión limitada de lo que significó para ellos la opción del cimarronaje. Giral aspiró muchas veces a poetizar la cruda realidad históricay dejó fuera los matices bárbaros de la dominación colonial y las objetivas causas de la rebeldía esclava. Con excepción de Maluala, los filmes mostraron a aquellos africanos como un grupo o una masa homogénea, obviando su diversidad de orígenes, castas, costumbres, religiones y las maneras en que fueron esclavizados.

Muy diferente fue el principio que condujo a Gutiérrez Alea a realizar La última cena. La anécdota que inspiró el argumento fue extraída apenas de un párrafo del ensayo en tres tomos El ingenio,de Manuel Moreno Fraginals. En el fragmento es citado, a su vez, un documento que data de finales del siglo dieciocho. Se titula: Representación extendida por Don Diego Miguel de Moya y firmada por casi todos los dueños de ingenios de la jurisdicción, en enero 19 de 1790. No se conserva en Cuba y, hasta donde sabemos, ni siquiera se cuenta con una copia fiel del mismo. Se ha dicho que el original descansa hasta hoy en los Archivos de Indias, en España. El párrafo en cuestión es este:

Duque de Estrada (un capellán que escribió un pequeño librito editado en 1797 y que se titula: Explicación de la Doctrina Cristiana acomodada a la capacidad de los negros bozales) tiene conciencia de que la enseñanza religiosa está en crisis. A veces por culpa de los negros que no entienden el bien que se les hace. Por ejemplo, el Excelentísimo Señor Conde de Casa Bayona, en un acto de profundísimo fervor cristiano decidió humillarse ante los esclavos. Y remedando a Cristo, un Jueves Santo, lavó los pies a 12 negros, los sentó a su mesa y les sirvió sus platos. Pero he aquí que estos esclavos, cuyos conocimientos teológicos no eran muy profundos, en vez de comportarse como los Apóstoles, lo que hicieron después fue sublevarse valiéndose del prestigio que adquirieron frente a los demás miembros de la dotación, y terminaron quemando el ingenio. El cristianísimo acto lo finalizaron los rancheadores cazando a los negros cimarrones y clavando en doce lanzas las cabezas de los esclavos ante los cuales se humillara el Excelentísimo Señor Conde de Casa Bayona.1

Por contribuir a restituir la verdadera imagen del esclavo en nuestra historia, al revelar el vital aporte que la presencia africana ha brindado a la formación de nuestra cultura, identidad nacional y tradición de lucha por la independencia; por convertir una lección de historia en un verdadero drama y por demostrar que una adaptación implica una apropiación en función de un principio de autoría que puede ser diferente al original, La última cena, único filme de ficción del ICAIC que traslada su diégesis al siglo XVIII, constituye una obra maestra de la cinematografía nacional.

No obstante, el interés de Sergio Giral por tratar el drama de la esclavitud de forma continuada en tres largometrajes, elevó al personaje del esclavo en el cine cubano de ficción hasta planos que no había tenido jamás, algo que fue reconocido por la crítica nacional y planteó retos que hasta hoy supone el enfoque del tema.

Sería de interés contrastar los ejes dinamizadores de la sociedad cubana, en el momento en que se ruedan esos filmes, con los puntos de vista que son defendidos en ellos por sus directores. Gutiérrez Alea, por ejemplo, acomete la filmación de La última cena cuando aún Giral trabaja en Rancheador, pero su visión del periodo histórico que ambas películas transmiten es distinta. El tratamiento del esclavo se hace desprejuiciadamente, revelando así los conflictos individuales y sociales de cada personaje.

Aparecen así, doce esclavos, no como una masa homogénea sino como seres humanos diferentes, con características propiasy matices ideológicos que representan, a su vez, doce posturas ante el régimen de esclavitud.A cuatro décadas de esa lectura de la obra cumbre de Moreno Fraginals, realizada por Gutiérrez Alea, todavía el séptimo arte tiene en Cuba varias deudas que saldar con el esclavo que, rebelde o no, hoy es parte del imaginario social y ese concepto de Nación que él también ayudó a forjar.

Notas

1Cfr. Raúl Rodríguez: El cine silente en Cuba. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1992.

2Manuel Moreno Fraginals: El ingenio; Complejo económico social cubano del azúcar. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1978, p. 25.

 

Bibliografía

Acosta de Arriba, Rafael: “La crítica ante el espejo”, en Cine Cubano, No. 139, Ciudad de La Habana, p. 27-33.

Caballero, Rufo y Joel del Río: “No hay cine adulto sin herejía sistemática”, en Temas, No. 3, Ciudad de La Habana, julio-sept, 1995, p. 102-115.

Díaz,  Marta y Joel del Río: Los cien caminos del cine cubano, Ciudad de La Habana, Ediciones ICAIC, 2010.

Douglas, María Eulalia: Catálogo del cine cubano 1897-1960, Ciudad de La Habana, Cinemateca de Cuba, Ediciones ICAIC, 2008.

——————————: La tienda negra. El cine en Cuba 1897-1990, La Habana, Cinemateca de Cuba, 1997.

García Borrero, Juan Antonio: Guía crítica del cine cubano de ficción, Ciudad de La Habana, Editorial Arte y Literatura, 2001.

—————————————: “Por una crítica imperfecta”, en Revolución y Cultura, Año 34, No. 2, Ciudad de La Habana, marzo-abril de 1995, p. 18-21.

Pérez Betancourt, Rolando: Rollo crítico, La Habana, Editorial Pablo de la Torriente Brau, 1990.

Raúl Rodríguez: El cine silente en Cuba. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1992.

 

 

De los autores

Juan Ramón Ferrera Vaillant (Santiago de Cuba, 1974). Investigador y ensayista. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, Doctor en Ciencias Literarias y Profesor Titular de la Facultad de Español para No Hispanohablantes de la Universidad de La Habana. Es miembro de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC y de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica. Ha colaborado con Viña Joven, Cine Cubano, SiC, La Gaceta de Cuba, el Anuario del Centro de Estudios Martianos y otras publicaciones de circulación nacional. Tiene publicados: El discreto encanto de las adaptaciones (Ediciones Santiago, 2007); Senel Paz: de la literatura al guión de cine (Ediciones Luminaria, 2008); Ojos que te vieron ir… (La literatura cubana regresada en cine) (Ediciones Matanzas, 2010) y Escritos sobre celuloide (Reina del Mar Editores, Cienfuegos, 2010).

Reynier Rodríguez Pérez (Santiago de Cuba, 1982). Poeta y editor. Licenciado en Letras por la Universidad de Oriente, Profesor Asistente de la Facultad de Humanidades de esa casa de altos estudios. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz, la Sociedad Cultural José Martí y la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales. Está inscrito en el Registro Nacional del Creador Literario. Recibió en 2013 el Premio Casa Víctor Hugo de ensayo, en una de sus tres categorías. Actualmente, es corrector de la revista literaria La Noria. Fue uno de los compiladores del libro Nombrar a Martí (Ediciones Santiago, 2008). Ha colaborado con Viña Joven, Honda, SiC, La Gaceta de Cuba, el Anuario del Centro de Estudios Martianos y otras publicaciones de circulación nacional. Tiene publicado el poemario Sobre piedras (Ediciones Santiago, 2009).

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