Un poema para La Habana

La Habana cumple sus primeros quinientos años. La Fundación Nicolás Guillén le desea que siga siendo maravillosa —que lo sea cada vez más—, pero que, sobre todo, siga siendo real, con su arquitectura, sus calles, sus monumentos, sus gentes.

Por su cumpleaños, le regalamos poemas de autores cubanos —y algunos de otros países— de distintas épocas, generaciones, estilos y sentimientos; desde aquel de Manuel de Zequeira, que más que disparatado o humorístico, era el adelantado de la poesía surrealista, hasta los de los poetas de ahora, cuando La Habana ya no es la misma, pero sigue siendo real y maravillosa.

Compartiremos un poema cada vez. Empecemos con Nicolás.

 

Habana

Mar con ambición de palmas

y espuma de rumba y son.

Ventanas de donde cuelgan

anchas sonrisas de negras.

El cielo azul, rojo sol.

Sol espeso. En panes de oro,

se puede cortar el sol.

Sobre el sol patina el aire

con un patín volador.

Tierra de ojos entreabiertos,

vena de sangre y sudor:

en boca de sed de coco

saliva de marañón.

¡Noches blancas en el puerto

sobre los mástiles negros!

Mulatas y marineros

viajando en una canción.

Aguardiente de los bares,

espinazo de fox-trot,

navaja de lengua muda

y puñal de filo en flor.

Nicolás Guillén (1902-1989)

(1932)

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