Cortés,cordial, feliz, fatal

Notas sobre la poesía erótica de Nicolás Guillén

En 1964, el año de Tengo y de la Antología mayor, cuando Nicolás Guillén ya tenía la inclemente condición de sexagenario; cuando, como lo ilustran con harta elocuencia los títulos a los que acabamos de referirnos, un poco hacía balance,sacaba cuentas; Fayad Jamís publicó, en su hermosa colección de cuadernos de La Tertulia, los Poemas de amor, breve librito en que se recogían veinticuatro composiciones, publicadas o inéditas y correspondientes a las más variadas fechas. En la solapa advertía Ángel Augier que en su conjunto permitían ofrecer “una dimensión casi desconocida del gran poeta cubano”, y para muchos de los que entonces éramos insolentemente jóvenes, por lo ya anotado, formaban algo así como una “antología menor”, como un recuento personal, paralelo a los grandes libros, a las grandes hazañas.62579c0

Pero es el caso que en los años siguientes nuevos poemas de amor se sumaron con tropeloso brío al caudal de la obra guilleniana, y comenzó a hacerse de la mayor evidencia que esta singular corriente de su poesía, muchas veces sumergida, muchas veces ahogada por la voz más urgente de los temas mayores de su canto, cobraba una nueva dimensión y merecía el más entusiasta estudio.

Lo primero que salta a la vista es la carencia casi absoluta de bibliografía sobre una vertiente de la obra de Guillén cuya importancia atestiguan no solo la proliferación de textos recientes, a los que acabamos de aludir, sino el número de ediciones que ha suscitado en los últimos años. Bástenos recordar la publicación, en Cuba de El corazón con que vivo(1975) –que añade dieciséis textos a los veinticuatro recogidos en Poemas de amor–, de Poemas manuables(1975) –antología temática, concebida para el lector no especializado, en la que se dedica una importante sección a la poesía amorosa,representada por treinta y una composiciones– y de Música de cámara(1979) –donde se recoge la poesía lírica de Guillén y, por ende, su producción erótica, ejemplificada a través de cuarenta y cuatro textos–; y, en otros países, la aparición de la edición bilingüe publicada en Milán, en 1975, por Dario Puccini bajo el título deIn qualque punto della primavera, en la que se antologan veintisiete poemas de amor; y de la traducción francesa deEl corazón con que vivo(1976), debida a Pierre Gamarra. No sin disgusto nos  resignamos a dejar de lado toda la música compuesta en los últimos años para acompañar los versos de amor de Guillén.

Con excepciónde la solapa de Augier a la que ya nos hemos referido, la cual, pese a su brevedad obligada constituye una inmejorable guía para el estudio de esta zona de la poesía guilleneana; la contratapa deEl corazón con que vivo; y página y media de la introducción de Puccini a su antología, no hay, que yo sepa, nada más escrito sobre la poesía amorosa de nuestro autor. Por otra parte,los criterios para definir qué poema suyo insertar o no en el tema erótico,tampoco dejan de ser sorprendentes. Si cotejamos las selecciones a las que hemoshecho mención, veremos que en más de una ocasión varían los criterios no yaaxiológicos, sino meramente clasificatorios. Un ejemplo elocuentísimo, entre losmuchos que pueden hallarse, es el de los dos madrigales de Sóngorocosongo y el Indies Ltd., que en ocasiones de antologan como”poemas mulatos” y en otras como “poemas de amor”. La enumeración, tanto de las exclusiones como de las inclusiones de determinados poemas en la temática erótica, podría llevarnos algún rato y no nos conduciría más que a tener que aceptar lo que para todos resulta evidente: es imposible establecer en la poesíade Guillén, como en la de cualquier gran poeta, estrictos límites cartográficos.Tanto esto, como la certeza de que, por voluntad de su autor, han de permanecer inéditas hasta después de su muerte algunas, y no las menos importantes, de sus composiciones de tema amoroso, determinan el carácter aproximativo y provisional de las notas que presentamos, que no pueden aspirar a ser más que un inventariosomero de algunas de las características principales de esta vital porción de la obra de Guillén.

Así pues, guiados por la sabia solapa de Poemas de amor, es necesario comenzar por Cerebro y corazón, el libro de 1922 que Guillén decidiera no publicar. Como dice allí Augier, en este libro hallamos “los versos amorosos de todo poeta adolescente […] donde es frecuente la queja expresada como eco de Bécquer o como resonancia de Darío” y, como añade el mismo critico en otra ocasión, cierto tufillo a Campoamor.

El poema emblemático del libro, que no en vano ostenta el título de “Blasón” y es un soneto en alejandrinos nos da la tónica de todo el poemario:

Odio la absurda lámpara de la Filosofía,
porque jamás alumbra su luz una ilusión
y misteriosa y grave, ceremoniosa y fría,
busca el PORQUÉ y el CÓMO de las cosas que son.
Para vivir el sueño de la existencia mía
por compañero sólo me basta el corazón.
[…]

[Obra poética (O.P), t. 1, p.13]

De las cuarenta y seis composiciones que integran el volumen, veintiuna trata del amor. De un amor que se expresa en el lenguaje y la versificación del ocaso modernista y se desarrolla en un decorado rubendariano por el que desfilan ninfas, mujeres traidoras, amantes imposibles o novias muertas que provocan en el autor furias de fauno o toda suerte de sueños, calamidades y congojas. El ideal de belleza femenina exhibido en estos poemas, que, dicho sea de paso, es de una portentosa variedad, corresponde igualmente el canon modernista.

Sin embargo, hay en este libro una pieza tan notable como “La balada azul”, recogida en todas las selecciones de esta temática:

Frente al mar, viendo las olas
la quieta orilla besar,
los dos muy juntos, muy juntos
cual no estaremos jamás,
ella me dijo, –Quisiera
ser ola blanca del mar
y en su cristal peregrino
lucir mi fino cristal.
O ser el mar, que se mece
del aire al suave compás,
por donde en gentil carrera
saltando las olas van…
y bajo el cielo sin nubes,
junto a la orilla del mar,
prendíle un beso en los labios
y con amoroso afán,
estrechándola le dije:
–Mi bien, yo quisiera más;
ser mar, si tú fuera sola,
ser ola, si fueras mar.
[…]
(O. P.t.1, pp. 48-50)

Aquí, donde la forma escogida por el poeta, el romance, no es precisamente una de las estructuras favoritas del preciosismo modernista, y en que, además, se combina el diálogo de los dos amantes, con toda su abundancia pronominal, sus rimas internas, su barroquismo conceptual, expresado en simples contrastes y antítesis, puede encontrarse una de las manifestaciones más tempranas del decir inconfundible de Nicolás Guillén.

En este sentido merece comentarse igualmente otro poema de este libro, “El espejo”, que no ha tenido la suerte de ser antologado, aunque hace décadas que se canta en República Dominicana, no así, curiosamente, en Cuba:

Imagen1.jpgAl amplio espejo — que muchas veces,
que muchas veces la reflejó-
suele asomarse mi amada muerta,
más solo puedo mirarla yo.
Pero ese rostro, sobre el espejo
tan sólo puedo mirarlo yo.

Su boca me habla como en un tiempo,
como en un tiempo feliz me habló,
mas lo que dice la boca amable
tan sólo puede saberlo yo.

Y no es extraño que en un delirio,
que en un delirio febril de amor,
junte al espejo mi boca ardiente…
¡y se deshaga la aparición!

(O. P. t.1,p.[51])

En él no sólo son la rima asonatada las frases enafóricas, la repetición de versos, el ritmo sostenido lo que interesa, sino esa violentación de la sintaxis con un fin profundamente expresivo, que se encontrará en otro poema de amor de Guillén escrito cincuenta años mas tarde: “Solo de guitarra”:

La tarde con ser tan alta,
–digo, esta tarde– y azul,
es pequeña, pequeñita,
ay, que tarde tan bajita
sin usted, sin ti, sin tú.

Estoy el mar contemplando
–digo, este mar– tan grandón,
pero es un mar chiquitito,
ay, que mar tan pobrecito
sin ti, sin usted, sin yo:

Estoy mirando la Luna
–digo, esta Luna– brillar,
y la veo tan oscurita,
¡ay que Luna tan poquita,
sin con quien yo quiero estar!
(O. P. t.2. p.[331])

En el poema de Cerebro y corazón, si bien cabría entender, desde el punto de vista lógico, el uso del verbo en tercera persona –puede— y el del sujeto en primera persona –yo— como un afán de distanciamiento, también es posible considerar este empleo, desde el punto de vista expresivo, como un recurso para subrayar, mediante la violentación de la sintaxis –y hacerlas aún más enfáticas, por lo inesperado de la enunciación– la identidad y la singularidad del sujeto: yo, el único capaz de mirar u oír a la amada muerta cuando se asoma al espejo.

Esta voluntad de singularización del sujeto, que en el caso del segundo poema se aplica también al objeto –“sin usted, sin ti, sin tú […] sin ti, sin usted, sin yo”–, me hace recordar la obsesión de Salinas, ese gran maestro de la poesía amorosa de lengua española, expresada en más de una ocasión en La voz a ti debida y Razón de amor:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Sólo que en Guillén este querer vivir en pronombre, en el máximo grado de la singularización, debe expresarse solamente en el nominativo: sin tú, sin yo, y no en formas oblicuas que desvirtúan la unicidad de lo nombrado.

Por otra parte, en “Solo de guitarra” es posible advertir esa asimilación creadora de motivos y procedimientos de los Siglos de oro que es tan frecuente en Guillén. El “sin Dios y sin vos y mí” de Jorge Manrique; el “sin mí, sin vos y sin Dios” de Lope de Vega; el “sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida” de Bernardo de Balbuena se convierten, en un contexto coloquial impuesto por los diminutivos y aumentativos, en un juego más emotivo que intelectual, más expresivo que conceptual.

Contemporáneos posteriores a las agrupadas en Cerebro y corazón, son las veintiuna composiciones escritas entre 1920 y 1923, que recoge Augier en el primer tomo dela Obra poética bajo el título de Otros poemas. De ellas, once sonde tema amoroso y, en general, poseen las mismas características de los poemas de amor de Cerebro y corazón.

Esto no podrá decirse ya de las escasas, pero significativas muestras de poesía erótica que forman parte de los textos escritos por Guillén entre 1927 y 1931, los que constituyen su así llamada etapa vanguardista, su poesía de transición hacia tonos, formas y temas distintos. “La nueva musa” y “Elegía moderna del motivo cursi” –de la cual hablaremos posteriormente– declaran la nueva poética del autor, en la que se expresa una ruptura tajante con todo su decir anterior.

Si en las dos secciones ya comentadas de la obra de Guillén casi la mitad de las composiciones era de tema amoroso, entre las diecisiete piezas que integran esta poesía de transición sólo hallaremos cuatro poemas de amor, tres de los cuales han sido recogidos por las selecciones que se ocupan de este tema: “Tu recuerdo”, aparecido en todas; “Piedra pulida”, incorporado a partir de los Poemas manuables; y “2 semanas”, el más atrevidamente vanguardista de ellos, con sus guarismos y su desenfado nihilista, acogido por Música de cámara.

Basado en un tópico muy frecuente en la poesía erótica española del siglo xx –piénsese en “Amada exacta” de Salinas: “Tú recuerdo eres tú misma”, o en “Retorno fugaz” de Juan Ramón Jiménez: “No sé cómo eras, yo sé que fuiste!” –“Tu recuerdo” es un poema en que el olvido asume corporeidad en el irse deshaciendo de la persona con quien aún se convive, pero ya no se ama:

Siento que se despeja tu recuerdo
de mi mente, como una vieja estampa;
tu figura no tiene ya cabeza
y un brazo está deshecho, como en esas
calcomanías desoladas
que pon en los muchachos en la escuela
y son después, en el libro olvidado,
una mancha dispersa.

Cuando estrecho tú cuerpo
tengo la blanda sensación de que está hecho de estopa.
Me hablas, y tu voz viene de tan lejos
que apenas puedo oírte. Además, ya note creo.
Yo mismo, ya curado
de la pasión antigua,
me pregunto cómo fue que pude amarte,
tan inútil, tan vana,
tan floja que antes del año
de tenerte en mis brazos
ya te estás deshaciendo
como un jirón de humo;
y ya te estás borrando como un dibujo antiguo,
y ya te me despegas de lamente
como una vieja estampa.
(O. P. t.1. pp.[87]-88)

Este tema del recuerdo, que es también el tema del olvido, estará presente en muchos otros momentos de la poesía erótica de Guillén, pero expresado en el tono característico de los períodos en que surgen los poemas. Así “Agua del recuerdo “tiene todo el aliento rítmico del libro de que forma parte: El son entero(1943):

¿Cuándo fue?
No losé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.
Pasó una mulata de oro,
y yo la miré pasar:
moño de seda en la nuca,
butade cristal,
el-son-entero-420143niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.

Caña
(febril dije en mí mismo),
caña
temblando sobre el abismo,
¿quién te empujará?
¿Qué cortador con su mocha
te cortará?
¿Qué ingenio con su trapiche
te molerá?

El tiempo corrió después,
corrió el tiempo sin cesar,
yopará allá, para aquí,
yo para aquí, para allá,
para allá, para aquí,
para aquí, para allá…

Nada sé, nada se sabe,
ni nada sabré jamás,
nada han dicho los periódicos,
nada pude averiguar,
de aquella mulata de oro
que una vez miré pasar,
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.
(O. P. t.1, pp.248-[249])

“Nieve”, por su parte, se inserta en el tono superador de obstáculos, por llamarlo de algún modo, que prevalece en La rueda dentada(1972) –especialmente en el poema que da nombre al libro:

Como la nieve cae aquí,guillen_rueda_600
nieva también dentro de mí
(Verlaine con nieve ¿no es así?)
De ti me acuerdo –ya sin ti.

¿A qué llorar, me digo yo,
por quien no llora ni lloró?
Si estuve escrito, me borró,
si ardí un instante, me apagó.

Caiga la nieve, está muy bien.
Mas no por eso va Guillén
a entristecerse si no hay quien
del mismo mal muera también.
[…]
(O. P.t.2, p.[337])

Pero hay también poemas en que el tema del recuerdo alcanza notas elegíacas, como “Piedra de horno”, de 1944, que pese a su fecha, es más cercano al erotismo de Sóngoro Cosongo(1931) y de West Indies Ltd.(1934), que al de El son entero. La extensión de este poema nos impide citarlo completo, pero la relación que presenta con esos libros, claves para la comprensión no sólo de la poesía mulata y americana de Guillén, sino para la concreción de su ideal erótico, nos obliga a recogerlo en parte:

Lentamente ya viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible, y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino–, gimiendo
–no sé, me lo figuro–,quejándose –no sé, supongo, creo–;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
[…]
(O. P. t.2, pp.212-[213])

Si en “Tu recuerdo”, poema vanguardista, se diluye en el olvido la mujer aún presente, en “Piedra de horno” se reintegra, se reconstituye, revive, conformando la “Mujer nueva” de Sóngoro Cosongo, inexplicablemente excluida de toda antología de poesía amorosa, “la negra, mujer nueva […] chorro de sangre joven / bajo un pedazo de piel fresca”, que encontrará sus himnos de bienvenida de los dos madrigales de este libro y en el de West Indies Ltd., la “hembra elemental” por cuyo amor el poeta está en deuda de eterna gratitud con el Trópico, como ha recordado Augier.

Al referirnos en el inicio de este recorrido por la poesía de Guillén al ideal de belleza femenina de sus primeros poemas, decíamos que obedecía al canon modernista. En “Elegía moderna del motivo cursi”, la musa, con minúscula, del poeta, es decir, su amada, “ya está hecha a mi modo. / Fuma. Baila. Se ríe. Sabe algo de derecho, / es múltiple en la triste comunidad del lecho / y dulce cuando grito, blasfemo o me incómodo”. Obedece, diríamos, al ideal de los happytwenties, a la bohemia, compañera insoslayable de la vanguardia. Pero, y entre estos poemas de transición y la “mujer nueva” de Sóngoro Cosongo, la “hembra elemental” de West Indies Ltd., ¿qué es lo que hay? A esta pregunta retórica sólo puede darse una respuesta de preceptiva: los Motivos de Son(1930), en los que irrumpe la voz del pueblo, de los negros y mestizos, para hablarnos con su pronunciación desgreñada y rebelde, con su sintaxis turbia, con su léxico descarado y directo de que Caridá lo mantiene, se lo da tó al negro bembón; de que hay una mulata presumida a la que hay que parar el ataque: “¡que yo con mi negra tengo,/ y no te quiero pa ná!”; de que alguien no quiso ver a un antiguo amor que seguramente también traicionará a su actual amante; de que hay otra mujer traidora ante cuya casa no es preciso detenerse; de que la convivencia entre una pareja, en medio de las peores adversidades, es posible si ambos ponen de su parte; de que “amó con hambre, biejo, / qué ba!”;de que una americana persigue a Bito Manué; de que en fin, no hay mejor mujer, no hay otro ideal femenino, que una negra hacendosa, divertida y amante. ¿Se trata entonces de considerar que los poemas que componen Motivos de Son pueden incluirse entre los poemas de amor? Yo no lo creo, pero Mario Benedetti incluye “Mi chiquita” entre los cuatro poemas de Guillén en sus Poesías de amor hispanoamericanas.

Inicio augural de toda su poesía mayor, Motivos de Son es también en lo que a la temática amorosa se refiere, una inversión total de los valores que habían prevalecido en la obra anterior de Guillén y, en este sentido, “Mi chiquita “ilustra cabalmente el tránsito de los madrigales de Cerebro y corazón, de Otros poemas y del retrato de la musa vanguardista, a la mujer nueva, a la hembra elemental, a los madrigales de Sóngoro Cosongo y de WestIndies Ltd., que sólo piden a la mujer negra que sea como es. Esta línea dela poesía de Guillen se irá suavizando, como en el son de “El negro mar”:

Ay, mi mulata de oro fino,
ay, mi mulata
de oro y plata,
con su amapola y su azahar,
al pie del mar hambriento y masculino,
al pie del mar.
(O. P. t. 1.pp.252/253/)

Ya en el ya citado “Agua del recuerdo”. Sin embargo, la exigencia guilleneana de plenitud en la ostentación de todo el valor estético y erótico de la raza, no se acallará, llegando a convertirse en explosivo homenaje en uno de sus últimos madrigales–escritos en prosa, como muchos de los primeros–: “Nancy”, joven negra en quien saluda la concreción de su ideal de belleza femenina, de mujer:

          Entre los dibujos inéditos de Walt Disney, a su muerte, encontraron a Nancy. Era el mismo nervioso antílope que ahora vemos, pero aún no había echado a correr, fina gacela detenida entre el cartón y el lápiz. Los ojos grandes, grandísimos y como asombrados en su inocencia; lo senos breves y culpables.

          Pienso que su poesía es negra como su piel, cuando la tomamos en su esencia íntima y sonámbula. Es también cubana (por eso mismo) con la raíz enterrada muy hondo hasta salir por el otro lado del planeta, donde se le puede ver sólo el instante en que la Tierra se detiene para que la retraten los cosmonautas.

          Yo amo su sonrisa, su carne oscura, su cabeza africana. Su cabeza sin tostar, dicho sea para eludir a los tostadores y tostados negros burgueses que se queman la cabellera cada semana y viven esclavos del peluquero engañador. Me gusta verla, oírla (un susurro es lo que percibimos cuando habla). Soy su partidario, voto por ella, la elijo y proclamo. Grito, desaforado: Viva Nancy

           (O.P. t. 2, pp.334-/335/)

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Nicolás Guillén en 1980 con los cantantes Ana Belén y Victor Manuel juto a Angel Augier

Es en El son entero–como dijera Ángel Augier en la solapa ya tantas veces aludida y comohemos constatado en lo ya visto de este libro– donde comienza a manifestarse con mayor profusión llena de madurez, la nota amorosa en la obra de Guillén. Pertenecen a él la “Glosa” a una de las coplas de Andrés Eloy Blanco, de serena perfección; el entrañable y tierno “Rosa tú, melancólica”; y “La vida empieza a correr” que por su ritmo se emparienta con “EI negro mar” y “Agua del recuerdo”, ya comentados.

 

Entre El son entero y La paloma del vuelo popular(1958) se escriben dos de los más notables poemas de amor de Guillén: “Piedra de horno”, al cual ya nos hemos referido, más cercano estéticamente a los cantos Indies Ltd., y “Un poema de amor”, que por su inmediatez, por la sinceridad de su patetismo balbuciente, por lo vertiginoso de la narración, sostenida por frases sueltas, truncas, por adjetivos yuxtapuestos, por enumeración anárquica de sustantivos,está mucho más próximo a su más reciente poesíaamorosa.

En La paloma del vuelo popular se destacan “Ronda” y los poemas de amor suscitados por sus recorridos por otros países: “Cerro de Santa Lucía”, “La pequeña balada de Plóvdiv”, a los que habría que añadir aquellos surgidos en idénticas circunstancias y recogidos en Poemas de amor: “Ana María”, “Teresa” –en los que el sentimiento es refrenado, sobrio, mediato– y “Alta niña de caña y amapola” –donde vuelve a resurgir el violento erotismo de “Piedra de horno”.

El próximo libro en que Guillén aborda este tema será La rueda dentada, en el que por vez primera se dedicará una sección al amor. Aquí, junto a poemas como “Nancy”, se agrupan “Solo de guitarra” y “Nieve”, ya comentados, “El árbol”, “Pas de téléphone”, A veces”, “Canción”, “Una fría mañana”, “Cómo no ser romántico” en los cuales el dolor y la angustia de una pasión que se siente en precario, al descubierto, inerme, son matizados por la ironía y la plenitud vital de quien conoce bien toda la gama de inquietudes que provoca la fragilidad del amor, pero que persiste en su disfrute. Un humor maduro, sereno, un tanto irónico, preside poemas como “Pas de téléphone…”

La lluvia, el cielo gris,
pas de téléphone
lejos de ti.
(Me duele el corazón).
¿Qué hacer para saber
si ahora, en esta hora
de lluvia y cielo gris
te duele el corazón
como me duele a mí?
Pas de téléphone
lejos de ti.

Ay, en París
mejoraría la situación
unpneumatique.
Oh mi adorada, pero aquí
no existe el pneumatique,
y pas de téléphone
lejos de ti…

Tus ojos de ámbar quiero
sentir cerca de mí;
saber si en esta tarde
de lluvia y cielo gris
te duele el corazón
como me duele a mí.

Pas de téléphone
lejos de ti.
(O. P. t.2,pp.332-/333/)

Pero este humor irónico que también aparece en “Canción” y en “Cómo no ser romántico”, que se goza en la parodia, en el juego intelectual, brota del corazón, ex corde,como nos lo dice claramente el poeta, reclamando el mayor grado de sinceridad, de emoción, de vida para su poesía.

Si el título de un libro o de un cuaderno, como sabemos, no suele ser un accidente, un hallazgo casual, sino, por lo contrario, es quizás uno de los momentos más conscientes, más racionales del proceso de creación, aquel en que el autor, ante su obra terminada, decide cómo nombrarla, no podrá pasarse por alto en este somero recuento de la poesía erótica de Guillén, que su primer libro se llamó Cerebro y corazón: que la antología de su poesía amorosa seleccionada por él mismo fue titulada, con verso tomado de José Martí, El corazón con que vivo; que ex cordeles el nombre de la sección que recoge su última poesía erótica publicada.

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