Sombras que solo yo veo

En el año de 1927 regresa Nicolás Guillén a La Habana, para comenzar un camino permeado de las nuevas influencias literarias que lo llevarían a descubrirse a sí mismo y al  crudo universo de “lo real maravilloso“[1]. Comienza a renovar su poesía sustituyendo el modernismo por la vanguardia y podemos hallar referencias de este cambio en el periódico “Orto”.[2] Por medio de Lino Dou conoce a Gustavo Urrutia, quien dirigiera la página “Ideales de una Raza” del periódico “Diario de la Marina” y en reiteradas ocasiones solicitara su colaboración. En 1929, solo un año antes de publicar Motivos de Son, publicaría su ensayo: “El camino de Harlem“, su primera expresión de denuncia a la situación del negro en Cuba, donde revela:

(…) Todas estas cosas son ciertas, y cuando las digo no me anima más deseo que el de sacar a la luz muchos de nuestros males, desempolvarlos y exponerlos a los ojos de todos, de blancos y de negros, a ver si es posible que todos también, convenciéndonos de que no nos queremos tanto como decimos, nos apliquemos a la hermosa tarea de actuar un poco en cubano, sustituyendo los abrazos postizos y los artículos de banderitas por un mutuo respeto y por una definitiva comprensión.[3]

Cortesía del Autor

Este argumento no es solo una referencia fehaciente de la intención del poeta con su poemario de 1930, es también muestra de una anterior evolución poética, moral y de compromiso racial, hasta este momento, que posteriormente se convertiría en un compromiso nacionalista.

Motivos de Son es la exposición, el develamiento del rostro verdadero, sin gestos de simpatía, de los males del negro, publicado el 20 de abril de 1930. Consta de ocho poemas breves donde podemos descifrar las condiciones de la mayoría de la población negra en Cuba. Su principal objetivo se manifiesta cuando utiliza su lenguaje, su cotidianidad, y el ritmo del son, como principales protagonistas. Seria este poemario, su primera muestra, en la poesía, de su aporte nacionalista, que posteriormente evolucionaria hacia un nacionalismo más inclusivo.

En sus poemas se presenta al negro como ser humano: sus carencias materiales y el hambre que marcan la vida en el solar, recurriendo para ello al vocabulario propio de sus habitantes y la imagen de sacrificio y esperanza, en una vida de tenacidad por sobrevivir y prosperar. Guillén de esta manera trata de apelar al respeto y la sensibilidad de la sociedad. Es también importante, la crítica del poeta al racismo xenófobo que obstaculizaba cualquier intento de unificación nacional, atestiguando que la discriminación representaba una de las más fuertes limitaciones del nacionalismo.

El marcado realce de las características del negro,  (Negro bembón, bembón así como ere, de pasa colorá) de su falta en la pronunciación y su lenguaje mestizo entre español y africano, en una combinación estética-literaria, presentan al negro no como un ser analfabeto y grotesco, sino como un trasformador cultural. Años después, lo corroboraría Fernando Ortiz, gran antropólogo e investigador, al decir del negro: El aporte negro a la cubanidad no ha sido escaso. (…) su influencia cultural puede ser advertida en los alimentos, en la cocina, en el vocabulario, en la verbosidad, en la oratoria, en la amorosidad, en el maternalismo, (…) en esa sana reacción que es el choteo (…)[4]

Existe un detalle muy particular de Guillén y es su manera de escribir su poesía en primera persona, como si narrara sus vivencias como un personaje más de sus relatos. A pesar de ser un intelectual se sentía como sus protagonistas, segregado por el racismo. Se autoidentifica con este sector y los convierte en parte de la nación por la importancia histórica de sus valores culturales. La musicalidad del son dentro su verso, lo hace cotidiano y expresa la jovialidad del cubano presente en los negros y los blancos. Este género musical contaba en su sonoridad con instrumentos de percusión, herencia africana e instrumentos de cuerda pulsada, herencia española por lo que representa mucho más que un ritmo popular sino un fenómeno nacional enriquecido por sectores negros trabajadores que lo fueron popularizando.

Así Guillén creó un nuevo estilo poemas – sones e hizo un aporte cultural fusionando la música y la poesía (desde un estilo cotidiano de lenguaje), ampliando el espectro nacionalista cubano hacia una mirada más colectiva e inclusiva de la sociedad.

Cortesía del autor

Después del impacto que representó para sociedad el primer poemario, nacería Sóngoro Cosongo[5], en 1931, poemas mulatos, como él mismo los nombraría. Financiada la publicación por el mismo Guillén, era un poemario breve de 56 páginas. Incluye temas del poemario anterior e incorpora otros como el sincretismo religioso y musical, la dependencia y entreguismo al yanqui y  la existencia de una historia común.

Es una etapa transitoria en su evolución en la que se desprende de la prosodia negroide[6] para caracterizar al negro y comienza visualizar una nación desde cuestiones más generales, ya no nos llama solamente a prestar atención sobre estas clases marginadas de la sociedad que son parte importante del pueblo sino que nos muestra la nación en su conjunto, en su esencia, muestra al cubano mestizo y original, una mezcla de ritmos, razas y costumbres. Su lenguaje y su métrica son variados, enfatizando el sentido de diversidad. Es un libro nuevo y coherente, según el autor: “diríase que es el despejo de  una incógnita determinada por el complejo afroespañol yacente en el fondo de nuestra integración nacional”[7].

Si leemos su prólogo notamos la claridad de Guillén en cuanto a los problemas reales de la nacionalidad cubana y su enfrentamiento a la intelectualidad para hacerlos reconocer, marcando su ruptura con la oficialidad intelectual y presentando un novedoso punto de vista para su época. En estos versos ha ampliado su espectro nacional hacia un reconocimiento de lo cubano desde lo mestizo, la mezcla, demostrando su percepción más aguda de un proceso social complejo.

Con Sóngoro Cosongo su poesía gana experiencia y es más comprometida con el pueblo y no hace distinciones de grupos como en el anterior poemario (Motivos de Son). Lo observamos en la poesía “La canción del bongó “, donde incluye la idea de sincretismo de  lo negro, español, chino y el hecho claro, de que comparten una historia común.   Representa ahora  una identificación más amplia, de ahí que cambie su persona al plural y comience a referirse al “nosotros”. Evoluciona desde un nacionalismo que identifica a nuevos sectores como parte de la nación hacia articular una nación más integrada, conscientemente, con una autoaceptación, al reconocer que comparten la misma herencia histórica.

 Entre otros eminentes poemas está “Caña“, modelo transitorio entre acentuar la existencia de un mestizaje autóctono (poesía negra) y la cruda realidad de la situación dependiente y sometida  en que se encuentra la nación (poesía social), problemas notorios y condicionantes de nuestra nacionalidad. En trazos simples y esquemáticos encontramos dibujada la tragedia económica de Cuba, concretada en la monoproducción azucarera que controlaban entonces los monopolios norteamericanos, en el latifundio cañero de las mismas empresas extranjeras y la explotación del trabajador del corte de caña que mantenían la nación en constante crisis.

El principal protagonista es el cañaveral y el juego de las posiciones tiene un sentido. El personaje del yanqui (verdadero poseedor de la tierra), quien tiene la posición más privilegiada sobre el cañaveral (el monocultivo) y sobre la tierra (la nación) que le sirve de pedestal, es el que controla todo el  intercambio, por el que se derrama el sudor y el tiempo que es la sangre que se nos va.

Al lanzar West Indies Ltd.,[8] en 1934, compuesto por algunos poemas sueltos y una secuencia de poemas con el mismo título del libro, notamos el cambio de Guillén al abordar temas más profundamente sociales y políticos. Entre sus contenidos fundamentales encontramos una fusión de los anteriores, de lo negro y lo mestizo, en poemas como “El abuelo”, “Sensemayá”, “Balada de los dos Abuelos” y “Sabás”. Contiene una gran carga humana en sus reflexiones sobre la integración: racial, nacional y regional caribeña, lo notamos en la secuencia de poemas “West Idies Ltd,  poema 1”, cuando va representando de forma descarnada los diferentes niveles discriminatorios: Me río de ti, noble de las Antillas,/ mono que andas saltando de mata en mata,/ payaso que sudas por no meter la pata,/ y siempre la metes hasta las rodillas./ Me río de ti, blanco de verdes venas/ –¡bien se te ven aunque ocultarlas procuras!–,/ me río de ti porque hablas de aristocracias puras,/ de ingenios florecientes y arcas llenas./ ¡ Me río de ti, negro imitamicos,/ que abres los ojos ante el auto de los ricos,/ y que te avergüenzas de mirarte el pellejo oscuro,/ cuando tienes el puño tan duro!(…)[9].

Este poemario refleja el drama de la frustración del movimiento popular de la ” revolución del 30″ y lo extrapola al contexto antillano, demostrando que nuestra realidad, el estado de dependencia política-económica del imperialismo norteamericano, no es tan diferente de la realidad caribeña, por eso los titula en inglés y le agrega las siglas de Ltd, que nombran a las Antillas, “empresa global de explotación”, en poema 4: ¡Hambre de la Antillas, / dolor de las ingenuas Indias Occidentales![10], o en el poema 6: Este es el pueblo del all right/ donde todo se encuentra muy mal; / éste es el pueblo de very well, / donde nadie está bien[11].

En este momento su pensamiento social no solo recrea la sociedad cubana, tema que solían tratar otros autores de la poesía social, sino que trasciende las fronteras de su nación, y encuentra los nexos que identifican al cubano con un nacionalismo antillano: Esta es la grotesca sede de companies y trusts. / Aquí están el lago de asfalto, las minas de hierro, las plantaciones de café, / los ports docks, los ferry boats, los ten cents.[12]  Aunque su lenguaje es sarcástico e irónico, su ritmo es rebelde con una proyección antimperialista, que se nota más fuerte y desarrollada que en Sóngoro Cosongo, el yanqui nos dará dinero/ para arreglar la situación; la Patria está por sobre todo…/ ¡Que siga el son![13], su son es de lucha. Muestra a Guillén como revolucionario.

Retoma la idea de la diversidad étnica, presente en sus poemarios anteriores, que caracteriza al antillano y por transitividad al cubano y lo compromete a construir una nacionalidad mucho más amplia que la propuesta primera y amplía el espectro nacional: Aquí  hay blancos y negros y chinos y mulatos. / Desde luego, se trata de colores baratos, / pues a través de tratos y contratos/ se han corrido los tintes y no hay un tono estable. (…)[14]

 

Bibliografía:

  • Augier, Ángel: Nicolás Guillén, notas para un estudio biográfico-critico, Editorial UNEAC, La Habana, Cuba, 1962.
  • ___________: Nicolás Guillén, Editorial UNEAC (Contemporáneos), La Habana, 1971
  • ___________: Vida y obra de Nicolás Guillén, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, Cuba, 2002.
  • Arredondo, Alberto: El negro en Cuba, Editorial Alfa, La Habana, Cuba, 1939.
  • Cairo, Ana: La revolución del 30 en la narrativa y el testimonio cubanos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1993.
  • Fernández Retamar, Roberto: El son de vuelo popular. Ediciones UNEAC (Contemporáneos), La Habana, Cuba, 1972
  • Fernández, Robaina  Tomás. El Negro en Cuba 1902-1958. Editorial de Ciencias Sociales, La  Habana, 1990.
  • Guillén, Nicolás: Antología mayor. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 2008.
  • _____________: El camino de Harlem, Diario de la Marina, 21 de abril de 1929.
  • _____________: Páginas vueltas. Memorias, Editorial UNEAC, La Habana, Cuba, 1982.

 

  • Ibarra Cuesta, Jorge: Nación y cultura nacional. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1981.
  • Morejón, Nancy: Nación y mestizaje en Nicolás Guillén. Editorial UNEAC, Ciudad de la Habana, Cuba, 1982.
  • Ortiz, Fernando: Por la integración cubana de blancos y negros, En: Los mejores ensayistas cubanos (selección de Salvador Bueno). Editora Popular de Cuba y el Caribe, La Habana, Cuba.
  • Santana, Joaquín G: Nicolás Guillén: juglar americano. Editora Política, La Habana, Cuba, 1989.

[1] Parafraseando a Alejo Carpentier.

[2] Ángel Augier: Nicolás Guillén, Editorial UNEAC (Contemporáneos), La Habana, 1971, Cap VII, p. 106.

[3] Nicolás Guillén: El camino de Harlem, Diario de la Marina, 21 de abril de 1929.

[4] Fernando Ortiz: Por la integración cubana de blancos y negros, En: Los mejores ensayistas cubanos (selección de Salvador Bueno). Editora Popular de Cuba y el Caribe, La Habana, Cuba, pág. 47

[5] Nicolás Guillén: Sóngoro Cosongo,  En: Antología Mayor, Ob. Cit.

[6] A decir del propio autor para referirse a Motivos de Son en: Guillén, Nicolás: Páginas Vueltas. Memorias, Editorial UNEAC, La Habana, 1982, p 89

[7] Guillén, Nicolás: Páginas Vueltas. Memorias, Ob. Cit., p 91

[8] Nicolás Guillén: West Indies Ltd., En: Antología Mayor, Ob. Cit., 1934.

[9]Idem, p. 50.

[10] Idem, p. 52.

[11] Idem, p. 55.

[12] Idem, p. 54.

[13] Idem, p. 51.

[14] Idem, p. 49.

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